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Historia

Paulo Coelho, el mayor novelista brasileño, escribió de la historia de su pueblo: "Buscaban el tesoro de su destino, sin querer vivirlo realmente". Entre las antiguas colonias, Brasil es único en las Américas porque, además de conseguir su independencia por una vía relativamente pacífica, no se fragmentó en países separados, como hicieron las posesiones españolas y británicas. Brasil fue una colonia portuguesa desde la llegada de Pedro Cabral, que la reclamó para su soberano en el año 1500 d. C., hasta que la familia real, exiliada de su patria, que había sido ocupada, lo elevó a la categoría de reino en 1815. La independencia completa se consiguió en 1822, cuando se creó el Imperio de Brasil con una monarquía constitucional y un gobierno parlamentario. Con el derrocamiento de Pedro II, el segundo y último emperador, se convirtió en una república en 1889. Aunque la república sufriría dictaduras y juntas militares durante el siglo siguiente, la verdadera democracia regresó en los años 1980, cuando el primer gobierno civil electo subió al poder tras una transición negociada. Gracias a una sucesión de líderes capaces, Brasil ha conseguido la estabilidad política y económica, se ha convertido en un miembro vital e influyente de la comunidad internacional y ha logrado al fin "el tesoro de su destino".

Clima y terreno

Brasil es el quinto país más grande del mundo, abarca la mitad del subcontinente sudamericano y es una de las 17 naciones que se consideran que tienen una "ecología megadiversa", pues alberga una gran variedad de flora y fauna, hábitats, recursos naturales y terrenos. Brasil contiene la mayor parte de la cuenca del Amazonas, el mayor sistema fluvial del mundo, además del mayor bosque pluvial virgen. Así, el país tiene un amplio abanico de paisajes tropicales y subtropicales, incluidos humedales, sabanas, mesetas cubiertas de selvas y pequeñas montañas. En sus más de 12.000 kilómetros de costa hay un gran número de archipiélagos. La principal zona brasileña de altiplanicies ocupa la mayor parte de la mitad meridional y se levanta hasta una gran cantidad de pequeñas cordilleras, como la sierra de la Mantiqueira y la de Espinhaço, cuyos picos más altos alcanzan unos 1.200 metros. Cercana al ecuador, la mayor parte de la nación tiene un clima tropical que se divide en cinco subtipos: ecuatorial, tropical, tropical de los altiplanos, templado y subtropical. La media de temperatura en Brasil es de unos 25 grados C. La vegetación va desde la de los bosques pluviales del norte hasta la de las sabanas tropicales en el sur. Como podría esperarse con tal variedad de climas y terrenos, la biodiversidad de Brasil es una de las más ricas del mundo, con jaguares, ocelotes, tapires, osos hormigueros, perezosos, armadillos, ciervos, pirañas, caimanes, loros, monos y miles de otras especies que comparten su tierra y sus aguas.

La colonización portuguesa

Se desconoce el origen de los pobladores nativos (a los que los portugueses llamaban "indios") de Brasil; los primeros fósiles humanos se remontan a hace unos 10.000 años, en los altiplanos de Minas Gerais. Cuando los exploradores portugueses llegaron a la costa, había unas 2.000 tribus indígenas seminómadas que subsistían gracias a la caza, la pesca, la agricultura migratoria, la guerra de tribus y el canibalismo. Pedro Cabral tomó posesión de esas tierras en abril del año 1500, cuando la flota que estaba conduciendo alrededor del cabo de Buena Esperanza se vio tan arrastrada hacia el oeste que acabó avistando las costas de América del Sur. El Tratado de Tordesillas del año 1494 dividía el Nuevo Mundo entre España (el oeste) y Portugal (el este) a lo largo de los 46 grados de longitud. Como el descubrimiento se hallaba completamente en la zona portuguesa y se vio espoleado por los informes de sus riquezas, en 1532 se fundó allí el primer asentamiento portugués.

El descubrimiento del palo de Pernambuco (o palo de Brasil) –una madera densa y dura de color anaranjado muy preciada como tinte y para la elaboración de muebles y de instrumentos musicales– suscitó el interés de la corona. En el año 1534, el rey Juan III propició las empresas coloniales privadas. En 1549, el rey nombró a un gobernador general y Brasil se convirtió oficialmente en una colonia portuguesa. En las guerras contra los franceses, los portugueses expansionaron lentamente sus tierras hacia norte y sur, y tomaron Río de Janeiro en 1567 y São Luís en 1615. En el año 1680, se apoderaron de las tierras aledañas al Río de la Plata, que se convirtieron en su territorio más meridional. Mientras tanto, tomaron los bastiones británicos y holandeses del Amazonas y las tribus nativas se vieron asimiladas, esclavizadas o exterminadas.

A finales del siglo XVII, Brasil era la colonia más grande e importante de las diseminadas colonias de Portugal. Además del palo de Pernambuco, el azúcar, los tintes y las especias eran exportaciones importantes. Los portugueses empezaron a importar esclavos de África para satisfacer la creciente demanda internacional de estos bienes y, finalmente, Portugal acabaría por convertirse en una de las naciones esclavistas más importantes, contándose los esclavos de Brasil por cientos de miles. Al mismo tiempo, los buscadores de minerales preciosos habían estado buscando en vano oro en las selvas y colinas de Brasil hasta que se descubrieron grandes yacimientos en Minas Gerais. La consiguiente fiebre del oro arrojó sumas tan grandes que la capital colonial pasó de Salvador, al sur, a Río de Janeiro en 1763 para poder administrar mejor la nueva riqueza. Los tratados de Madrid (1750), El Pardo (1761) e Ildefonso (1777) reconocieron las fronteras de Brasil, mientras que las reformas coloniales aseguraron que siguiera siendo una colonia plácida, próspera y provechosa para Portugal.

Independencia

En marzo del año 1808, la familia real portuguesa y sus ministros llegaron a Río de Janeiro para refugiarse en Brasil de las fuerzas napoleónicas que se habían apoderado de su patria. El príncipe regente Juan, que gobernaba en lugar de su madre María I, que había sido incapacitada debido a una enfermedad mental, estableció su nueva capital en Río y gobernó el imperio desde allí. Mientras estuvo afincado en Brasil, instauró todos los ministerios de una capital soberana, además de fundar una biblioteca real, una academia militar, una ceca real, una imprenta y una facultad de medicina y otra de derecho. En 1815, Juan otorgó a Brasil la categoría de reino, con la misma consideración que Portugal en el imperio. Tras la derrota de Francia, prefirió quedarse en Brasil hasta que se le reclamó en Portugal para encargarse de las revueltas de unos radicales. En abril de 1821, Juan nombró a su hijo Pedro regente. Los ministros de Pedro, muchos nacidos brasileños, le instaron a declarar la independencia de Brasil, que el joven regente proclamó en septiembre de 1822. A los tres meses fue coronado emperador Pedro I. En 1825, el gobierno portugués reconoció oficialmente la soberanía de Brasil y, ese mismo año, lo siguieron la mayoría de países europeos.

Imperio

Pedro I y sus ministros quisieron asegurarse de que Brasil no sufriera las disensiones y revoluciones que estaban azotando a los vecinos sudamericanos de Brasil. Para ello, fue el arquitecto principal de una nueva constitución, una bastante liberal y avanzada para su época. Pero Pedro se vio cada vez más involucrado en los asuntos de Portugal y, en 1831, abdicó en favor de su hijo de cinco años para poder regresar a Europa a recuperar la corona portuguesa para su hija. Para apaciguar el malestar político y la discordia que habían dejado la repentina partida, declararon mayor de edad al hijo de Pedro a los 14 años y lo coronaron emperador Pedro II al año siguiente. El reino de cinco décadas del nuevo emperador fue ilustrado y progresista, y Brasil disfrutó de una "edad de oro" en todos los aspectos: político, económico, industrial, social y cultural. Con Pedro II, Brasil ganó tres guerras, aumentó su reputación internacional, modernizó y reformó su sistema legal y monetario, impulsó su diversidad agrícola y abolió la esclavitud. Pero esto último había erosionado sus simpatías entre la aristocracia de terratenientes. Además, a medida que se hizo mayor, Pedro II fue perdiendo el contacto con la nueva clase media urbana y los movimientos liberales de estudiantes que sus ideales y políticas habían auspiciado. Aunque su pueblo aún lo respetaba y amaba, en noviembre de 1889, un golpe militar incruento depuso a Pedro e instauró la república. Patriota hasta el fin, cuando partió a su exilio en Europa, Pedro II expresó sus "ardientes deseos de grandeza y prosperidad para Brasil".

Dictadura

Manuel de Fonseca, que había liderado el golpe, se convirtió en presidente provisional de un gobierno cada vez más dominado por el ejército. Apoyado principalmente por las fuerzas armadas y los plantadores de café, cada vez más prósperos, fundó la república, separó estado e iglesia y promulgó una nueva constitución. No obstante, en virtud de las disposiciones de esta, él mismo fue declarado no apto para ejercer cargos públicos y, cuando intentó disolver la nueva legislatura y gobernar por decreto, lo obligaron a dimitir ante la indignación pública. Lo sustituyó su vicepresidente, también un general, que se pasó su mandato defendiéndose de diversas revueltas militares y monárquicas, a la vez que fue asumiendo cada vez más poderes dictatoriales.

En 1894, en un ambiente de paz generalizado, el general Peixoto cedió a regañadientes la presidencia al primer civil en detentar el cargo, Prudente de Morais. Había sido gobernador del riquísimo estado cafetero de São Paulo y fue considerado el primero de los "presidentes del café". Estos presidentes, básicamente acaudalados políticos y terratenientes de São Paulo y de Minas Gerais, ayudaron a reformar la economía, modernizar las infraestructuras de la nación, conservar la paz y dirigir el país en una época atribulada en el resto de países mediante una política prácticamente aislacionista. No obstante, al hacerlo así, ofrecieron poca democracia de verdad, puesto que solo se permitía votar a la minoría de latifundistas, las elecciones fraudulentas eran habituales y los caciques políticos maniobraban con casi total impunidad mientras apoyaran al presidente en el poder.

Dos hechos terminaron al fin con el periodo de los "presidentes del café". Primero, los precios del café se desplomaron durante la depresión mundial de los años 1930. Segundo, un movimiento compuesto de jóvenes oficiales (los "tenentes") ganó influencia. Partidarios del populismo, los tenentes no propugnaban la democracia, sino la reforma y el progreso; creían fervientemente que solo el ejército podría llevar al país a la edad moderna. Para ello, los jóvenes oficiales pensaban desbancar a los políticos civiles, ampliar el alcance del gobierno federal, modernizar el ejército y erradicar el regionalismo mediante un gobierno fuerte y centralizado.

La depresión y el malestar general llevaron a Getulio Vargas, un candidato a la presidencia derrotado, a hacerse con el control con el apoyo de los tenentes. Se suponía que Vargas solo tenía que asumir el poder temporalmente, mientras durase la crisis económica; pero, en vez de ello, cerró el Congreso, anuló la constitución y sustituyó a los gobernadores estatales brasileños por sus partidarios, en su mayor parte oficiales del ejército. Tras un fallido golpe de estado comunista en 1935 y otro fascista en 1938, también fallido, el régimen de Vargas se convirtió en una dictadura completa, famosa por su brutalidad y censura de prensa. Brasil se unió a los Aliados en 1942 como miembro activo, comprometiendo territorio de cierta importancia en Italia y fuerzas navales en el Atlántico. Pese a ser una dictadura, Vargas insistió en que, en reconocimiento por sus servicios en la Segunda Guerra Mundial, Brasil fuera uno de los miembros fundadores de las Naciones Unidas.

Pero el bum económico que supuso la guerra y la presión internacional habían desestabilizado la posición de Vargas; en 1945 fue depuesto por otro golpe militar. La misma camarilla que había suspendido la democracia hacía 15 años la "reinstauró" entonces. Irónicamente, Vargas sería elegido presidente en 1950, pero se suicidó en 1954 en el palacio de Catete, en medio de una crisis política. Siguieron a la muerte de Vargas varios gobiernos de corta duración, conocidos por diversos niveles de éxito así como de corrupción. En 1964, otro golpe militar más depuso al gobierno civil; en 1968, la junta militar se convirtió en una dictadura plena con los poderes que le confería la Ley Institucional Número Cinco. Aunque sus métodos fueron duros, la junta fue menos brutal que las de otras partes del continente. Además, propició el capitalismo, la modernización y los tratados internacionales. Así, la junta fue extremadamente popular entre las clases bajas y medias durante los años de la represión.

El Brasil moderno

El general Ernesto Geisel asumió la presidencia en 1974 y comenzó de inmediato una política "lenta, gradual y segura" de devolverle el poder al gobierno democrático. Con los años, puso fin a la tortura de los prisioneros políticos, la censura de prensa y, por último, a la propia junta, al abolir la Ley Institucional Número Cinco. Su sucesor continuó el proceso y, en 1985, las primeras elecciones libres convirtieron en presidente a José Sarney. Con un gobierno estable y una economía próspera, Brasil ha tenido desde entonces un papel destacado en los asuntos de la zona, pues ha sido miembro fundador de organizaciones tales como la Unión Latina, la Organización de los Estados Americanos, el Mercosur y la Unión de Naciones Suramericanas. En los inicios del nuevo milenio, Brasil está dedicada a asumir un papel igual de influyente en el escenario mundial.

Hechos curiosos

La construcción de Brasilia, una de las pocas capitales construidas ex profeso en el mundo, comenzó en el año 1956, cuando el presidente Juscelino Kubitschek decidió aplicar un artículo de la primera constitución republicana de Brasil, que se remontaba a 1891 y en el que se decía que la capital del país debía encontrarse en el centro del mismo. Brasilia se construyó en 41 meses, y el gobierno se trasladó allí en 1960.

Celebrado en muchas ciudades del país, el carnaval de Brasil supone el 70% de los ingresos anuales del país por turismo. Al compás de la samba y del axé, la celebración de 40 días previa a la Cuaresma se ve señalada por desfiles, bailes de disfraces, festejos por las calles, bailes y alguna que otra ceremonia religiosa.

Desde el siglo XVI al XVIII, los "bandeirantes" –las expediciones privadas que lideraban los aventureros portugueses y brasileños– exploraron y cartografiaron gran parte del Amazonas en busca de esclavos, oro, gemas y plantas raras y, en el proceso, fundaron bases en lo más profundo del bosque pluvial, con lo que hicieron avanzar rápidamente las fronteras occidentales brasileñas.