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Dinamarca

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Historia

Abrigado entre los países nórdicos de la Europa septentrional, el reino de Dinamarca incluye la Dinamarca propiamente dicha, además de Groenlandia y las islas Faroe. La historia de Dinamarca, uno de los reinos más antiguos del mundo, puede rastrearse hasta los siglos VI y VII, cuando los daneses eran aún un pueblo tribal diseminado por toda la región. Finalmente, se unieron bajo el mando del rey Harald Colmillo Azul, y muchos daneses se establecieron en Inglaterra e Irlanda durante las invasiones de la época de los vikingos. Desde estas primeras historias de exploraciones y conquistas de los vikingos hasta la moderna nación de Dinamarca que conocemos hoy en día, el pueblo danés ha sido una parte importante en muchos acontecimientos mundiales.

Geografía y clima

Dinamarca es un país relativamente pequeño (aproximadamente del mismo tamaño que Extremadura) que se encuentra en el norte de Europa. Junto con sus países vecinos, Noruega y Suecia, es parte de la zona conocida como Escandinavia. Aunque se compone básicamente de centenares de pequeñas islas, la península de Jutlandia, la principal masa de tierra continental de Dinamarca, comparte frontera con Alemania, lo que la convierte en la única nación escandinava limítrofe con la Europa continental.

Dinamarca es un país notablemente llano y su cota más alta sobre el nivel del mar apenas llega a los 170 m. Como parte de la zona templada, tanto el verano como el invierno son relativamente moderados y tiene pocas precipitaciones o temperaturas extremas.

Orígenes y prehistoria

Durante la última Edad de Hielo, el área que en la actualidad constituye Dinamarca quedó prácticamente cubierta por las formaciones glaciales. Cuando el hielo por fin empezó a fundirse, entre el 12.000 y el 14.000 a. C., empezaron a poblar la zona pequeños grupos de cazadores y recolectores que sobrevivían básicamente gracias a la caza de renos. Estos cazadores llevaban un estilo de vida nómada y se movían con las estaciones siguiendo las pautas migratorias de los animales de los cuales dependían para su sustento.

Con el tiempo, la población de la pequeña zona de islas creció cuando los inmigrantes se trasladaron al norte y les llevaron un conocimiento más extenso de la agricultura. Ya en el 3.000 a. C., los granjeros empezaron a talar parte de los grandes bosques de hoja caduca que se encuentran por toda Dinamarca, como prueban las diversas hachas de pedernal que se han encontrado por todo el país.

La costumbre de erigir dólmenes (una forma de tumba) y, posteriormente, "tumbas de corredor", también se extendió durante esta época. El dolmen era una construcción funeraria compuesta de varias piedras erguidas cubiertas con otra piedra más grande. Estas primeras construcciones evolucionaron hasta convertirse en la tumba de corredor, una estructura megalítica compuesta de una angosta entrada con grandes piedras alineadas que llevaba hasta una cámara funeraria, cubierta de tierra o con más piedras. Se cree que estas tumbas megalíticas costaban años de trabajo a toda una comunidad, pero, tras descubrir que no hay rastros de restos humanos, los arqueólogos siguen sin estar seguros de cuál era su verdadero propósito.

Durante la Edad de Bronce nórdica, estas tumbas evolucionaron todavía más, hasta convertirse en los túmulos, o montículos funerarios, que en la actualidad se suelen asociar a los vikingos. Además, fue durante este periodo que el hacha de combate, la legendaria arma vikinga, evolucionó desde sus orígenes de piedra hasta ver los primeros ejemplares de bronce. Aunque Dinamarca contaba con muy pocas fuentes de cobre para poder hacer bronce, consiguieron llevar al norte grandes cantidades de este material gracias al comercio y las conquistas, los que permitió a los daneses dominar el arte de la metalurgia. Para el siglo VIII d. C., ya había hierro disponible y los vikingos iban bien equipados con su arma predilecta.

La era de los vikingos

Desde principios del siglo VII, cada primavera, los vikingos de Dinamarca, Noruega y Suecia hacían incursiones por el mar del Norte hasta llegar a Inglaterra, aunque acabaron por llegar a Francia, España y puntos más orientales. En el año 793, el famoso asalto vikingo a Lindisfarne, un monasterio cristiano de la costa inglesa, serviría para que Europa occidental cobrara consciencia del problema y marcaría históricamente el auge oficioso de la era vikinga.

El legendario vikingo Ragnar Lodbrok, que remontó el río Sena en el año 845 y amenazó París solo para conseguir a cambio un rescate de más de tres toneladas de plata, consagraría el papel de los vikingos en la historia como azote incansable de Europa durante el siglo XI. La supuesta propensión de Ragnar a sacrificar los prisioneros capturados a los dioses nórdicos aterrorizó la sensibilidad cristiana de la realeza, lo que les llevó a dar sumas cada vez más cuantiosas (conocidas como "Danegeld") para apaciguar a los vikingos.

La clave de los vikingos para sus famosas incursiones era la habilidad de los escandinavos para construir naves. Ya conocidos por su terrible dominio de los mares, la creación del "Langskip" (o drakkar), dio a los vikingos una ventaja inusitada durante ese periodo. Aunque dependían del velamen cuando iban por mar abierto, podían cambiar el rumbo mediante remos, lo que les proporcionaba una maniobrabilidad añadida cuando iban por la costa o los ríos. Esta versatilidad resultaría ser la perdición para muchos enclaves europeos.

Formación del reino

El rey Gorm el Viejo sentó las bases del reino de Dinamarca alrededor del año 936 d. C. y gobernó hasta su muerte, en el 959. No obstante, sería su hijo, Harald Colmillo Azul, el primero en unir toda Dinamarca bajo un solo trono y expandir las tierras del reino a partes de Noruega y Suecia. Colmillo Azul se convirtió en un acérrimo partidario de la conversión de los daneses al cristianismo, un proceso que continuaría bajo reyes posteriores, especialmente Canuto el Grande y Svend II.

Canuto (también conocido como Knut), gobernó desde 1016 hasta su muerte, en 1035, y llegó a ser rey de Inglaterra, Dinamarca, Noruega y hasta de parte de Suecia. Su reinado en Inglaterra resultó fundamental, pues en ese periodo envió monjes ingleses a Dinamarca para que ayudaran a cimentar el cristianismo. Como compensación para la Iglesia, Canuto ordenó que se repararan todas las iglesias y monasterios que los vikingos habían destruido o dañado en el pasado y hasta llegó a restituirles el botín saqueado.

Tras la muerte de Canuto, Magnus reinaría brevemente en Noruega y Dinamarca. No obstante, fue el liderato de su sucesor, Svend II, el que dejaría una huella más duradera en el reino. Durante su reinado, se construyeron iglesias por toda Dinamarca, y el monarca se esforzó por unir a su pueblo con los cristianos de toda Europa fomentando que los daneses aprendieran latín. Sin embargo, Svend fue un personaje muy controvertido, y su relación con la Iglesia se puede definir como tensa en muchas ocasiones. Fue padre de veinte hijos, diecinueve de los cuales han sido confirmados como ilegítimos. De estos diecinueve, cinco de ellos (Harald III, Canuto IV, Olaf I, Eric I y Niels) se sucedieron pacíficamente como posteriores reyes de Dinamarca hasta pasados 60 años de la muerte de Svend, en 1074.

Desde 1397 hasta 1523, Dinamarca fue parte de lo que pasó a conocerse como "la Unión de Kalmar", en la que los reinos de Dinamarca, Noruega y Suecia quedaron unidos bajo un solo líder. Fue durante esta época que la primera monarca, la reina Margarita I, reinaría hasta 1412. La actual reina de Dinamarca, Margarita II, ha sido la única otra mujer que ha reinado allí desde entonces.

Historia posterior

Entre los siglos XVI y XVIII, Dinamarca fue una nación próspera que se benefició del comercio con el resto de Europa. Cristián IV, el monarca que más tiempo ha gobernado en Dinamarca (desde 1588 hasta 1648), instituyó varias políticas que expandieron las defensas nacionales de Dinamarca y reforzaron sus cimientos culturales y económicos. Durante su reinado, Cristián dobló con creces los efectivos de la armada danesa y encargó además la construcción de varias fortalezas. En 1616, la fundación de la Compañía de las Indias Orientales danesa comportaría una breve racha favorable para la nación gracias al monopolio comercial concedido por Cristián y a varios negocios de contrabando de té en Inglaterra. Aunque sigue siendo un líder popular en Dinamarca, su participación en diversas contiendas, sobre todo en la Guerra de los Treinta Años, realmente supuso el declive del poder danés en la zona del Báltico.

Durante las guerras napoleónicas, el descontento británico por el continuo comercio danés con Francia llevaría a enfrentamientos cada vez más agresivos en la zona. En 1801, una flota británica destruyó gran parte de la armada danesa en las aguas de Copenhague. Gran Bretaña cada vez estaba más preocupada porque fuera inevitable que Dinamarca sucumbiera ante Francia, lo que restringiría el acceso británico al mar Báltico, una pérdida inimaginable para su mando militar.

En 1807, se inició el bombardeo de Copenhague (la Segunda Batalla de Copenhague) cuando una enorme flota británica, acompañada de efectivos terrestres, rodeó la ciudad y atacó a las fuerzas danesas, muy inferiores en número, que se negaron a rendirse. Copenhague quedó muy dañada y murieron más de 5.000 civiles y soldados en el ataque consiguiente. Los británicos confiscaron todos los barcos restantes de la armada danesa y empujaron a Dinamarca a entrar en la guerra de lado de los franceses. Dinamarca lucharía hasta 1813, cuando el esfuerzo bélico llevó al país a la bancarrota, lo que lo obligó a firmar el Tratado de Kiel entre Gran Bretaña, Suecia y los reinos aliados de Dinamarca y Noruega.

La Segunda Guerra Mundial

Aunque Dinamarca se mantuvo neutral durante la Primera Guerra Mundial, se vería inmersa inevitablemente en la segunda. En abril de 1940, Alemania invadió Dinamarca sin apenas encontrar resistencia. A Dinamarca se le permitió mantener la independencia de la mayoría de funciones públicas, y el país siguió cooperando económicamente con Alemania durante la ocupación hasta 1943. En agosto de ese año, el gobierno danés se negó a seguir cooperando y ordenó hundir la mayoría de su flota. Durante la ocupación, el gobierno danés y el movimiento de resistencia consiguieron ayudar a la mayoría de judíos daneses para que huyeran a Suecia.

Tras su liberación en 1945, Dinamarca se unió rápidamente a las fuerzas aliadas y se convirtió en uno de los miembros fundadores de las Naciones Unidas. También tuvo un papel activo en la formación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la alianza militar que se formó en 1949.

La Dinamarca moderna

En la actualidad, Dinamarca es una monarquía constitucional, con la reina Margarita como jefa de estado de un sistema de gobierno parlamentario. Dinamarca entró en la Comunidad Económica Europea (predecesora de la actual Unión Europea) tras someter la cuestión a un referéndum público en 1972, en el que ganó el sí. No obstante, a diferencia de otros estados miembros, Dinamarca se ha negado a adoptar el euro. La Dinamarca moderna tiene una sólida economía que medra pese al pequeño tamaño del país, que se encuentra en el 16.º puesto del PIB per cápita. Sus principales exportaciones son alimentos y ganado, además de maquinaria y suministros industriales. Pese a sus considerables recursos petrolíferos, Dinamarca ha demostrado ser un líder mundial en energía eólica. La electricidad generada así actualmente alcanza el 15% del total del país, lo que lo convierte en el porcentaje de aprovechamiento eólico más alto del mundo. Desde los humildes orígenes de los daneses en la Edad de Piedra, Dinamarca se ha convertido en una de las naciones que más ha progresado en el mundo.

Personalidades de la cultura

Dinamarca ha dado un gran número de personajes importantes de la cultura y la ciencia durante su historia. El escritor y poeta danés Hans Christian Andersen fue famoso por sus cuentos infantiles, muchos de los cuales se siguen reinterpretando hoy en día. Niels Bohr, físico danés que ganó el premio Nobel en 1922, fue una figura clave para el desarrollo de la primera bomba atómica. A mediados del siglo XX, el "padre del diseño danés", Arne Jacobsen, inspiró a arquitectos y diseñadores de todo el mundo con su estilo moderno y funcional, que ha tenido su reflejo en todo, desde muebles hasta lámparas.

Hechos curiosos de los daneses

"Algo huele a podrido en Dinamarca", esta archiconocida frase de la obra de Shakespeare "Hamlet" era una referencia a la mala administración política de Dinamarca que hacía el rey ficticio Claudio, asesino de su propio hermano (el padre de Hamlet).

El "danés", un popular bollo que se hace en todo el mundo, se debe en origen a los pasteleros austríacos que trabajaron en Dinamarca durante una huelga de panaderos que se produjo en 1850. En Dinamarca y otros países, este dulce se conoce como "Wienerbrod" o "pan de Viena".

El término "Danegeld," literalmente el "oro danés", se usó originariamente para describir un impuesto que cobraban los reyes ingleses y franceses para pagar a los piratas vikingos, más que para luchar contra ellos. En la actualidad, se usa esta palabra para describir cualquier forma de pago coercitivo realizado a otro.