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Tierras Hunas

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Tierras Hunas

Historia

Se cree que las tribus nómadas de hunos que emigraron por toda Europa en los siglos IV y V d. C. tienen su origen en las estepas de Asia central. Unidos a las órdenes de Atila, su líder más memorable, el ejército huno saqueó toda Europa y se convirtió en el azote de los romanos y sus aliados.

Clima y terreno

Se cree que los hunos migraron desde Mongolia y Asia central cruzando el río Volga a finales del siglo IV. Las accidentadas altiplanicies de Mongolia, una región con una geografía muy variada, están rodeadas por bosques de altitud, praderas, desiertos y cientos de pequeños lagos y pantanos. Es el hogar de varias especies de caballos salvajes, lo que seguramente sea una de las causas de la gran habilidad ecuestre de los hunos.

En la cumbre de su civilización, los hunos controlaron muchos territorios por todo el centro de Europa, desde las estepas de Asia central hasta lo que hoy es Alemania. Esta amplia variedad de territorios y diversidad climática pareció tener poco efecto en la aptitud de los hunos para gobernarlos.

El origen de los hunos

El auténtico origen de los hunos es objeto de un acalorado debate sobre el que hoy en día todavía no hay unanimidad. Según la mayoría de las fuentes, los hunos "aparecieron de la nada" y sembraron la destrucción allá donde fueron. Es posible que los hunos desciendan de los xiongnu, una confederación tribal de nómadas ecuestres de las regiones septentrionales de China. Los xiongnu solían lanzar ataques contra la dinastía china Qin durante el siglo III a. C. y, junto a otras tribus nómadas, fueron una de las causas de que los chinos erigieran la Gran Muralla China. Los hunos aparecieron en partes de Europa justo cuando los xiongnu desaparecieron, y esta misteriosa aparición de una nueva sociedad en occidente y la desaparición de otra en el este es una de las pocas conexiones que existen entre hunos y xiongnu.

Migración hacia Europa

Los primeros datos que se tienen de los hunos están lejos de ser imparciales, pues proceden de sus numerosos enemigos y nos dejan una historia incompleta de sus conquistas iniciales. Cruzaron Europa en el siglo IV y subyugaron a varias tribus rivales, como los alanos, los ostrogodos y los visigodos. Aunque su unión todavía era débil, también atacaron valientemente algunas zonas del Imperio Romano de Oriente y del de Occidente, sin dejar por ello de trabajar como mercenarios para Roma contra otras tribus. Durante este periodo, los bizantinos (los romanos de oriente) comenzaron a pagar tributo a los hunos para mantener una relación pacífica, aunque solían incumplir sus obligaciones.

La historia de los hunos en la época inmediatamente anterior a Atila está más documentada. Antes de él gobernó su tío Rua, que gradualmente fue estableciendo un control completo de las diversas fuerzas hunas y eliminó a todos los líderes rivales. Rua conservó su gobierno con mano de hierro y lanzó una serie de ataques exitosos contra las tribus vecinas antes de concentrarse en objetivos más ambiciosos.

Rua, como rey de la Confederación Huna, tal como se la llamó en ese momento de la historia, provocó una serie de conflictos con el Imperio Romano de Oriente. Parece que varias tribus previamente subyugadas por los hunos huyeron con los bizantinos en busca de asilo. Rua exigió su entrega y envió sus ejércitos a territorio bizantino para saquear Tracia, al noroeste de Constantinopla. Sin embargo, en medio de la campaña, Rua murió, supuestamente por culpa de un rayo, y los hunos se vieron obligados a retirarse.

Una fuerza temible

Tras la muerte de Rua en el 434, Atila y su hermano Bleda reinaron conjuntamente, dando continuidad a la expansión del territorio huno por Europa. Los hunos se mantenían principalmente por los ingresos constantes procedentes de los tributos y los saqueos, lo que les permitió convertirse en una poderosa fuerza del continente europeo en el siglo V. El general romano Aecio, que antes se había aliado con Rua y había recurrido a los hunos para asegurar su posición como comandante de las tropas romanas en la Galia, volvió a contratarlos como mercenarios en su campaña contra los saqueadores burgundios que estaban atacando las provincias romanas del norte.

Atiborrados de riquezas, los hunos volvieron con el Imperio Romano de Oriente (uno de los objetivos favoritos de sus campañas) e intimidaron a los débiles líderes bizantinos para firmar el Tratado de Margus en el 435. Se dice que este tratado duplicó la cantidad que los bizantinos les estaban entregando como tributo, que ya ascendía a varios cientos de kilos de oro al año. Al igual que había sucedido en el pasado, los bizantinos incumplieron sus obligaciones y no entregaron el tributo y, como ya sucediera antes, los hunos regresaron a territorio romano, saquearon algunas ciudades y llegaron a Constantinopla en el 443. Una vez más, los bizantinos se comprometieron a entregar un cuantioso tributo, el triple de la cantidad original; los hunos aceptaron su palabra y se marcharon.

El liderazgo de Atila

Bleda, el hermano de Atila, murió en el 445 y Atila se quedó como gobernante único del Imperio Huno. En el 447, había derrotado a los ejércitos del Imperio Romano de Occidente y capturado varios fuertes que le permitieron controlar la zona de los Balcanes. Los romanos intentaron aplacar de nuevo a los hunos con tributos y, durante un tiempo, lo lograron... al menos mientras Atila centraba su atención en otra parte.

En el 451, Atila invadió la Galia y atacó varias ciudades de camino a Orleans. Irónicamente, el general Aecio, el antiguo benefactor de los hunos, ahora se veía obligado a enfrentarse a ellos para defender la Galia. Liderando una fuerza combinada de romanos y visigodos, el general Aecio y su ejército hicieron frente a Atila en la batalla de los Campos Cataláunicos, y consiguieron rechazarlo. Atila sufrió su primera derrota importante como comandante militar y tuvo que retirarse de la Galia para reagruparse. Pero siempre fue un conquistador ambicioso y desplazó sus tropas en dirección este para atacar Italia, el corazón de los romanos.

Saqueó varias ciudades en el norte de Italia, pero no llegó hasta Roma. Aunque algunos historiadores creen que se debió a la intervención del Papa León I, que lo convenció Atila para no seguir avanzando, otros aseguran que lo que le motivó a tomar esta decisión fue la amenaza que suponían los refuerzos del Imperio Romano de Oriente. Poco después, en el 453, Atila murió repentinamente en su noche de bodas, sucumbiendo, según algunos historiadores, a una simple hemorragia nasal. Sin el liderazgo del carismático Atila y su legendaria reputación, el misticismo de los hunos como fuerza imbatible había desaparecido.

Después de Atila

Tras la muerte de Atila, el Imperio Huno debía ser gobernado por su hijo mayor, Ellac. Sin embargo, Dengizich e Irnk, sus otros hijos, también ansiaban el trono, y una serie de luchas internas no tardaron en provocar su declive. En el 454, apenas un año después del inicio de su reinado, Ellac moría en la batalla de Nedao y sus tropas sufrían una contundente derrota a manos de un ejército de tribus germánicas unidas. Tras la muerte de su hermano, Dengizich se hizo con el trono durante algún tiempo, pero los hunos, sumidos en el caos, desaparecieron de la historia tan repentinamente como habían llegado. Se cree que, cuando Dengizich murió en el 469, los hunos restantes regresaron a sus tierras ancestrales en las estepas de Asia central.

La sociedad huna

Aunque su origen es un misterio, se sabe que los hunos comían, dormían y morían a caballo, lo que explica por qué han pasado a la historia por su pericia con el combate a caballo y sus aptitudes ecuestres. Había pastores hunos que cuidaban de varios tipos de ganado, que constituían fuentes de alimento móviles y les proporcionaban pieles para vestir. También eran arqueros expertos que afinaban su puntería en las frecuentes cacerías: empleaban arcos compuestos, mortales para sus enemigos y presas por igual.

A pesar de su legado como conquistadores, entre los hunos también había hábiles artesanos. Se les han atribuido algunos artefactos de bronce hallados en las zonas en las que vivieron, como calderos de bronce que podrían haber usado en rituales funerarios.

Hechos curiosos

El compositor italiano Giuseppe Verdi escribió la ópera "Atila" en 1846, que narra una historia ficticia sobre la muerte de Atila a manos de Odabella, la mujer que pretendía.

Los romanos apodaron a Atila el "Azote de Dios", sin duda por sus implacables conquistas, principalmente a costa de los romanos.

Algunos historiadores sospechan que los hunos practicaban la deformación voluntaria del cráneo, un proceso por el que ataban la cabeza de un recién nacido con tejidos u otros materiales para alterar la forma del cráneo. Se cree que los hunos querían amedrentar a los enemigos creando rostros anchos y planos.