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Tahuantinsuyu

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Tahuantinsuyu

Historia

El inca fue el imperio precolombino más grande de las Américas y se extendía desde Perú hasta Chile por los Andes. Este gran imperio tuve un origen humilde en un solo reino, pero creció hasta dominar toda la América del Sur "civilizada". Aunque el imperio apenas duró un siglo, hizo mucho por unificar a las gentes y culturas de las distintas tribus que vivían en las montañas. Pese que los incas prácticamente se han extinguido, de ellos nos han llegado muchos objetos y construcciones, como la famosa Machu Picchu, un testimonio del poder que llegaron a tener los monarcas incas.

Geografía y clima

El imperio se centraba en la cordillera de los Andes y englobaba zonas que incluyen partes de las actuales Argentina, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia y Colombia. El clima y la geografía eran los propios de las montañas, pero muy pronto los incas perfeccionaron el arte de las terrazas de cultivo y vivieron con comodidad entre los riscos. Los valles fértiles, anidados entre picos montañosos, daban a los incas multitud de espacio donde vivir y cultivar.

Historia inicial: El reino de Cuzco

Antes de que fueran un poderoso imperio, los incas aparecieron en el pequeño reino de Cuzco, situado al oeste de Perú. Bajo el liderato de Pachacútec, el noveno Sapa Inca, Cuzco se embarcó en una campaña para subyugar a las tribus vecinas bajo un solo estandarte. Mediante conquistas militares y asimilaciones pacíficas, Pachacútec y su hijo Túpac fundaron el imperio del Tahuantinsuyo. El nombre era una descripción literal del lugar, pues significaba que se componía de cuatro provincias distintas: Chinchasuyo al noroeste, Antisuyo al noreste, Contisuyo al suroeste y Collasuyo al sureste.

Pachacútec estableció un nuevo sistema de gobierno para mantener en orden sus conquistas. Los hijos de las familias dirigentes tenían que trasladarse a Cuzco (la capital) y aprender de los incas directamente, con lo que éstos los adoctrinaban en su cultura y modo de vida. Cuando crecían, los hijos volvían a sus provincias natales en el imperio y ayudaban a propagar la cultura inca.

Expansión continua

Tras la muerte de Pachacútec en 1471, su hijo Túpac Inca Yupanqui empezó a hacer nuevas conquistas en el norte. Por aquel entonces, a los incas solo les quedaba un rival importante en las costas occidentales: la tribu de los chimúes. Túpac acabó con ellos rápidamente y sumó sus posesiones al creciente imperio.

El hijo de Túpac, Huayna Cápac añadió al imperio unas cuantas partes de lo que es el actual Ecuador, pero su expansión meridional se vio detenida en la batalla del Maule. Ahí, las tribus mapuches les pararon los pies a los incas. Esto tampoco supuso una gran pérdida para los incas, ya que casi todas las tierras de esta zona eran, predominantemente, un páramo desierto y la mayoría de la población se quedó en los Andes.

Y llegaron los blancos

En 1526, el dominio inca de las tierras empezó su declive. El conquistador español Francisco Pizarro llegó al territorio inca explorando el sur desde Panamá e inmediatamente solicitó a la Corona permiso para invadirlo, pues creía fervientemente que estaba lleno de tesoros.

Regresó con una pequeña fuerza en 1532 para encontrar el imperio prácticamente a su merced. Los dos hijos de Huayna, Huáscar y Atahualpa, estaban enfrentados en una guerra civil por el control del territorio y la introducción de la viruela había sembrado considerables estragos entre su población. La fuerza de Pizarro (168 hombres, un cañón y 27 caballos) no era rival para los incas en cuanto a número, pero su superioridad en tecnología y tácticas militares les dio finalmente la victoria.

La primera batalla de Pizarro, la de Puná, sucedió ese mismo año, cerca de la actual Guayaquil, Ecuador, y la ganó con comodidad. El conquistador envió a uno de sus hombres, Hernando de Soto, tierra adentro a explorar mientras él fundaba una nueva ciudad en la zona, Piura. De Soto se encontró con el triunfal Atahualpa y regresó ante Pizarro con una invitación para reunirse. Los españoles exigieron que los incas aceptaran a Carlos I de España como su emperador y se convirtieran de inmediato al cristianismo. Quizá debido a la barrera idiomática o a una mala habilidad de comunicación en general, Atahualpa no entendió exactamente el sentido del mensaje sobre la reunión y envió otra misiva pidiendo más aclaraciones. Frustrados e irritados, los españoles atacaron el campamento de Atahualpa y cogieron a su líder como rehén, en vez de buscar a un intérprete mejor.

El monarca inca le ofreció a Pizarro una cantidad enorme de plata y oro a cambio de su libertad, la cual éste aceptó rápidamente. No obstante, Pizarro no mantuvo su parte del trato y se negó a devolverles a Atahualpa a los incas. Mientras tanto, Huáscar murió asesinado y Pizarro se aprovechó de ello para atribuir el delito a Atahualpa. En un dudoso juicio, los españoles sentenciaron a muerte a Atahualpa en agosto de 1533.

El fin de un imperio

Con Atahualpa y Huáscar fuera de juego, los españoles pusieron al frente al hermano menor de éstos, Manco, que cooperó obedientemente con ellos, en un principio. Una vez aseguró su propia base de poder, Manco intentó recobrar su imperio con la captura de Cuzco en 1536, pero no fue rival para los invasores españoles. Su corte y él huyeron a las montañas de Perú, donde continuaron gobernando durante los 36 años siguientes. No obstante, en 1572 cayó el último bastión inca y murió ejecutado Túpac Amaru, el hijo de Manco y rey por aquél entonces.

Con toda la realeza inca muerta, los nuevos gobernantes españoles oprimieron brutalmente a los nativos e intentaron despojarlos de su cultura, religión y tradiciones. Cada familia inca estaba obligada a enviar a un miembro a trabajar en las minas de oro y plata españolas y a reemplazarlo en cuanto muriera, lo cual ocurría cada uno o dos años debido a las malas condiciones de trabajo. La viruela siguió propagándose rápidamente por los restos del imperio y se cobró entre el 60% y el 90% de la población. El tifus, la gripe, la difteria y el sarampión hicieron el resto. Para 1618, ya se habían perdido casi todos los vestigios de cultura inca. Todo lo que queda en la actualidad de una civilización antaño gloriosa son unas cuantas tribus esparcidas y edificios de piedra, reliquias de un pasado lejano.

Hechos curiosos de los incas

Los incas usaban un sistema de cuerdas anudadas y teñidas para registrar la información contable.

Los incas creían que la planta de la coca era sagrada y mágica, y utilizaban sus hojas en numerosos rituales.

El asentamiento inca permanente más alto que se ha encontrado hasta la fecha está a unos cinco mil metros por encima del nivel del mar.