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Historia

La ubicación de España en la Península Ibérica, entre el norte de África y Europa la ha convertido en un territorio importante desde la prehistoria hasta el presente. Primera potencia imperial del mundo, España tuvo que sobrevivir posteriormente a siglos de guerras devastadoras y disturbios políticos. Desde el descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo hasta su participación en incontables guerras de independencia, España es uno de los pocos países que puede reivindicar una influencia mundial tan duradera y universal.

Geografía y clima

El Reino de España es el quincuagésimo primer (51º) país más grande del mundo y tiene una superficie de unos 504.645 km cuadrados. Gran parte del país está dominada por altiplanos y cordilleras montañosas, incluidas Sierra Nevada al sur y los Pirineos al noroeste. El pico más alto se encuentra en una de sus islas y es el volcán Teide, en Tenerife, una de las Canarias.

El clima de España es increíblemente diverso, aunque solo nos centremos en el peninsular y no en ninguna de las colonias. Las áreas meridionales que rodean el mar Mediterráneo tienen un clima templado y semiárido, la meseta central es de naturaleza continental y las zonas septentrionales varían entre temperaturas oceánicas y montañosas. Las precipitaciones son bastante irregulares y se concentran principalmente en las zonas montañosas.

Prehistoria: De los cromañones a los celtas

Las pruebas arqueológicas indican que el hombre llegó por primera vez a la Península Ibérica hará unos 32.000 años, y las pinturas de las cuevas de Altamira constituyen un famoso testigo de su viaje. La península fue colonizada por dos grupos principales, los íberos y los celtas. Los primeros poblaron las zonas meridionales y orientales, mientras que los segundos ocuparon las septentrionales y occidentales. La península colocó a íberos y celtas en un lugar privilegiado para comerciar, y muchos comerciantes griegos y fenicios establecieron un próspero comercio de oro y plata, especialmente con la ciudad de Tartessos, ubicada en la actual Sevilla. Se fundaron unas cuantas colonias comerciales fenicias, griegas y cartaginesas en las costas mediterráneas de la península, aunque los nativos conservaron el control de la mayor parte de su territorio, pese a la afluencia de oro y poder extranjero.

Aparecen los romanos

Esto continuó aproximadamente hasta el año 210 a. C., cuando los romanos capturaron las colonias cartaginesas durante la Segunda Guerra Púnica. En ese momento, los hijos de Roma lanzaron una campaña contra el corazón de la Península Ibérica, en la que conquistaron prácticamente todo el territorio. Durante el transcurso de los 500 años siguientes, los celtas e íberos se vieron continuamente "romanizados": las familias aristócratas locales fueron incorporadas a la nobleza romana, las carreteras y puestos comerciales de Roma salpicaron la tierra y se implantaron nuevos sistemas de riego, incluidos los famosos acueductos. Durante aquel periodo también se introdujo el cristianismo, que los lugareños adoptaron rápidamente.

No obstante, Roma empezó a perder el control de la península (a la que habían pasado a llamar "Hispania" o "Iberia") cuando la invasión germánica de la Galia desplazó a los pueblos suevos y vándalos hacia Iberia en el 409 d. C. Las tribus desplazadas fundaron un nuevo reino en la actual Galicia y Portugal, y Roma carecía de los recursos para detenerlos. Los vándalos se diseminaron rápidamente por Iberia, dejando a los romanos con una pequeña posesión en la costa, la provincia de Spania. Los romanos de Bizancio esperaban recuperar Iberia desde esta posición estratégica, pero pronto toda la península cayó bajo el dominio visigodo.

La llegada de los sarracenos

Los visigodos siguieron controlando Iberia durante los tres siglos siguientes, hasta que una súbita invasión del imperio musulmán de los omeyas barrió la península. Los grandes ejércitos sarracenos provenientes del Norte de África cruzaron hasta Gibraltar y conquistaron prácticamente toda Iberia en siete breves años, del 711 al 718 d. C. Las nuevas autoridades islámicas dejaron a los cristianos y judíos seguir con sus prácticas religiosas, pero les exigieron que pagaran unos impuestos especiales y los sometieron a unas cuantas prácticas discriminatorias. Pese a estas discriminaciones menores (para lo que eran aquellos tiempos), muchos lugareños empezaron a convertirse al Islam.

Los propios invasores apenas estaban unidos, pese a que compartieran una religión y un propósito, y pronto grupos de sarracenos se estaban escindiendo y formando asentamientos por su cuenta, especialmente en las zonas de Valencia y Granada. En el siglo XI, los territorios musulmanes volvieron a fracturarse, lo cual permitió a algunos de los reinos cristianos restantes expandir sus fronteras. Los cristianos y musulmanes siguieron luchando por el control de Iberia durante siglos, dando lugar a la llamada "Reconquista".

La Reconquista, la unificación y la inquisición

Ésta empezó oficialmente con la batalla de Covadonga en 722, aunque no ganó impulso hasta mucho después, y era el nombre que los cristianos dieron al intento de arrebatar la península al dominio musulmán. Durante la Reconquista se fundaron muchos reinos cristianos importantes, como Asturias y Aragón, pero la mayoría de reinos musulmanes se resistieron a abandonar sus tierras. Durante los 700 años siguientes, cristianos y musulmanes combatieron por la Península Ibérica: se construían y derribaban fortalezas, las bases y los equilibrios de poder cambiaban y las fronteras se redibujaban casi cada año. Pese a la lenta propagación de los reinos procristianos por Iberia, no se vislumbraba un vencedor claro.

No obstante, todo esto cambió con la venturosa unión de los reinos de Castilla y Aragón, gracias al matrimonio de Isabel I y Fernando II en 1469. Ambos monarcas lideraron un ataque directo contra el bastión islámico de Granada y, en 1492, pusieron fin al dominio musulmán de 781 en Iberia.

1492 fue un año importante para los monarcas. Cristóbal Colón, bajo los auspicios de Isabel, llegó a América (lo cual conllevó la colonización del Nuevo Mundo) y los judíos peninsulares se vieron obligados a convertirse al cristianismo o ser expulsados o incluso morir a manos de la Inquisición.

El nuevo reino unificado de Isabel y Fernando pasó a conocerse como España y, con sus opulentas colonias en el Nuevo Mundo, se convirtió en la primera "potencia mundial" de aquellos tiempos.

La España imperial, dirigentes del Nuevo Mundo

En su momento álgido, el Imperio Español contaba con posesiones por todo el mundo: desde grandes partes de América del Norte y del Sur a pequeños trozos de Europa, pasando por varias ciudades de África del Norte y las Indias Orientales Españolas. Los españoles lideraron el mundo en esta época de descubrimientos y acumularon ingentes cantidades de riquezas y bienes de sus numerosas colonias y principados. Se decía, y con propiedad, que el Sol nunca se ponía en el Imperio Español.

Las nuevas rutas comerciales españolas con el Nuevo Mundo no solo les proporcionaron nuevos conocimientos y cultura, sino también más recursos en forma de metales preciosos (es decir, oro), especies y plantas. La Edad de Oro de España también contempló la aparición de reformas intelectuales y espirituales, que empezaron con el auge del humanismo, los inicios de la Reforma protestante y la fundación de la escuela de Salamanca.

Problemas y guerras o "España no tiene un respiro"

Un gran poder apareja una gran responsabilidad, al menos si no quieres que los piratas berberiscos hagan incursiones en busca de esclavos por tus posesiones costeras. Además de la creciente amenaza otomana y pirata, España se vio inmersa sistemáticamente en guerra con Francia. El malestar religioso y las guerras de fe sacudieron el imperio católico a medida que la Reforma Protestante arrastró a España a enfrentamientos militares cada vez más grandes por toda Europa. Lo que los alzamientos y la religión dejaron intacto, lo asoló la peste, y en 1649 el imperio se vio sacudido por una gran epidemia que afectó principalmente a la ciudad de Sevilla.

Desde este momento en adelante, el poder y la influencia de España empezaron un declive gradual, que luego ya no fue tan gradual. Empezó perdiendo sus dominios europeos, principalmente debido a la separación de Portugal y los Países Bajos y posteriormente sufrió los reveses militares de la devastadora Guerra de los Treinta Años.

Las continuas guerras pusieron en peligro y diezmaron al antaño orgulloso imperio durante los dos siglos siguientes. En el siglo XVIII, Napoleón Bonaparte invadió el país mediante engaños, alegando que iba de camino a Portugal. A principios del XIX, un alzamiento nacionalista con objeto de derrotar al gobierno de ocupación francés desencadenó la Guerra de Independencia Española. Pese a vencer finalmente contra los franceses (en gran parte gracias a la desastrosa campaña rusa de Napoleón), el país se vio abocado a la agitación política.

España pronto se vio enfrentándose a su vez a varias guerras de independencia en sus propias colonias que culminaron en la Guerra de Cuba contra los Estados Unidos. El siglo XX no trajo muchos cambios para el imperio caído: la Guerra Civil de 1936-1939 llevó una férrea dictadura al país y se cobró más de medio millón de vidas en el proceso. Esta guerra es considerada como la primera batalla fáctica de la Segunda Guerra Mundial.

No fue hasta la muerte del general Francisco Franco, en 1975, que se restableció la monarquía y las cosas empezaron a sonreírle a España por primera vez en 300 años.

Presente y futuro

En 1978, se introdujo la democracia en España mediante la aprobación de la Constitución Española y el rey Juan Carlos se convirtió en el jefe de estado. En 1982, España entró en la OTAN y, en 1986, pasó a ser miembro de la Comunidad Europea, que posteriormente se convirtió en la Unión Europea.

Desde sus días gloriosos como potencia imperial y los siglos de pugnas internas y guerras internacionales, España se ha reconstruido y ha emergido como nueva agente mundial, pues disfruta de la novena economía más grande del mundo y está en el décimo puesto en calidad de vida. Un gran porcentaje del mundo puede remontar parte de su identidad nacional o de su cultura a España, desde la forja arquitectónica de Nueva Orleans hasta la fe católica en las Filipinas. Pocas naciones de la actualidad pueden decir que tienen una influencia tan extensa y duradera como España, tanto en la cúspide de su poder como en el presente.

Hechos curiosos de los españoles

Uno de los legados más reconocibles de España es su idioma. Casi 500 millones de personas hablan español en la actualidad como lengua materna, lo cual lo convierte en el segundo idioma más popular del mundo.

España es el país líder en producción de energía solar, y ha superado a los Estados Unidos en 2010 al completar la enorme planta de energía solar de La Florida (Badajoz). Además, más del 50% de la energía eléctrica generada en el país proviene de molinos de viento, para gran disgusto de Don Quijote.

En teoría, aunque no en la práctica, el nudismo es legal en toda España.

La boina fue inventada en España por los vascos, en el noreste de los Pirineos.

El autor español Miguel de Cervantes Saavedra escribió "El Quijote", que constituye la primera novela moderna.