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Civilizaciones y líderes
Ahmed Al-Mansur

Vivió:

1549-1603 d. C.

Títulos:

Sultán de la Dinastía Saadí

Civilización:

Ahmed Al-Mansur
Líder de Marruecos

Información de la partida:

Puerta hacia África

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Historia

Ahmed Al-Mansur, uno de los líderes más influyentes de la historia del norte de África, tuvo un impacto fundamental en el futuro de Marruecos. Fue el sexto sultán de la Dinastía Saadí durante el siglo XVI d. C. y destacó como astuto diplomático que aprovechó la ubicación estratégica de Marruecos para colocar a su reino como protagonista en el escenario mundial del Renacimiento.

Primeros tiempos

Fue el más joven de los hijos del sultán Mohammed ash-Sheikh, y al ser el quinto en la línea de sucesión, no se esperaba que subiera al trono de Marruecos. Nombraron heredero a su hermano mayor, Abdallah al-Ghalib, que ocupó el trono en el 1557 d. C. a la muerte de su padre. Desgraciadamente para al-Mansur, creyó que eliminar a sus hermanos menores era la forma más sencilla de asegurar su reinado, así que al-Mansur y su hermano Abd al-Malik huyeron del país y vivieron en el Imperio Otomano durante casi dos décadas.

Ascensión al poder

Tras la muerte del sultán Abdallah al-Ghalib en 1574, su hijo Abu Abdallah Mohammed subió al trono a pesar de que el legítimo heredero era Abd al-Malik. Con la ayuda de los otomanos (al-Mansur y su hermano seguían exiliados), Abd al-Malik reclutó un ejército, invadió Marruecos y depuso al usurpador Abu Abdallah Mohammed. Desgraciadamente para los dos pretendientes al trono de Marruecos, ambos murieron en la Batalla de Alcazarquivir de 1578, por lo que Ahmed al-Mansur fue proclamado sultán.

Los ejércitos de Marruecos causaron muchas bajas a sus enemigos, incluido Portugal, que había apoyado al usurpador. Gracias a los miles de prisioneros portugueses que había capturado, al-Mansur pudo negociar un rescate elevado que le permitió llenar las arcas marroquíes.

Reinado

Una vez se consolidó en el trono, al-Mansur disfrutó de prestigio como líder de un Marruecos envalentonado con su nueva riqueza. Enseguida se dedicó a reformar el sistema administrativo de su nación, implementando nuevas formas de tasación. También intentó ampliar las fronteras de su imperio con campañas contra los songhai, de las que esperaba obtener ingresos para su reino. A pesar de las victorias y los saqueos de varias ciudades songhai, los problemas derivados de la administración de tierras tan distantes, al otro lado del Sáhara, demostraron ser excesivos incluso para al-Mansur.

Desgraciadamente, los gastos de diversos proyectos de Al-Mansur -expansión militar y territorial, inversiones en edificios y grandes muestras de expresión cultural y artística- agotaron las repletas arcas marroquíes. Cuando la presión económica se hizo mayor, al-Mansur se vio obligado a limitar las grandes ambiciones que tenía para su reino. Marruecos se enfrentó a la titánica tarea de mantener el control de los lejanos territorios que había conquistado, muchos de los cuales se acabarían perdiendo.

Con el fallecimiento de Ahmed al-Mansur en 1603, víctima de la peste, el poder y la influencia de Marruecos comenzó a menguar. En 1620 ya había perdido las ciudades songhai, otros usurparon las rutas comerciales de Marruecos y los problemas fiscales acosaban al sultanato. Al final, sus sucesores perdieron muchos de los progresos que había logrado la excelente administración y las dotes diplomáticas de al-Mansur.

El juicio de la historia

Hoy en día se considera que Ahmed al-Mansur fue uno de los mejores diplomáticos de la historia y se destaca la facilidad con la que encontraba el equilibrio entre amigos y enemigos o entre cristianos y musulmanes. Sus argucias diplomáticas hicieron posible la independencia de Marruecos a pesar de los intereses de muchos reinos vecinos y el poderoso Imperio Otomano. Su reinado estuvo protagonizado por una tolerancia religiosa, un progreso científico y un florecimiento de las artes que el Norte África llevaba muchas décadas sin ver.