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Civilizaciones y líderes
Catalina

Vivió:

1729 - 1796 d. C.

Títulos:

Zarina de Rusia

Civilización:

Catalina
Líder de los rusos

Información de la partida:

Riquezas siberianas

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Historia

Catalina la Grande gobernó Rusia durante la segunda mitad del siglo XVIII. Fue ella quien supervisó la gran expansión del Imperio Ruso, que se adueño de miles de kilómetros cuadrados gracias a conquistas militares y diplomáticas. Fue una mujer hermosa e inteligente que sedujo a las mejores mentes europeas y convirtió su corte en uno de los centros de la ilustración y el pensamiento del continente. Aunque nació en Alemania, a Catalina se la considera entre los mejores gobernantes de la historia rusa.

Primeros años

Sofía Federica Augusta von Anhalt-Zerbst, princesa de Pomerania (un pequeño reino de Prusia), nació en Stettin, en 1729. A los 16 años contrajo matrimonio con Carlos Pedro Ulrico, heredero al trono de Rusia, y se convirtió en la gran duquesa Catalina Alekseyevna. Aprendió rápidamente el ruso y profesó la fe ortodoxa. Autodidacta en gran medida, se sumergió en la literatura de su época. Dotada de belleza e inteligencia, entabló gran amistad (como mínimo) con los grandes pensadores de su tiempo, incluidos los brillantes filósofos franceses Rousseau y Diderot.

Ascensión al poder

El matrimonio de Catalina fue muy desafortunado. Su marido el zar Pedro III fue, según contaban todos, un personaje neurótico. Se le ha descrito como cruel, feo (por culpa de las cicatrices de la viruela) y borracho. Se dice que detestaba a los rusos y amaba a los prusianos, lo cual no le hizo muy popular en la corte rusa. Aunque había nacido en un país extranjero, Catalina era mucho más popular entre la nobleza y, más importante, entre el ejército ruso.

A los 33 años, y con el apoyo de la guardia imperial, derrocó a su marido, quien no tardaría en morir en un "accidente de caza", dejando a Catalina como dueña y señora de Rusia.

Política exterior

Como emperatriz, Catalina llevó a cabo una política expansionista basada en la potencia militar. La primera guerra ruso-turca (1768-1774) fue declarada por el sultán Mustafá III tras un incidente fronterizo en el que un grupo de cosacos se adentró en territorio otomano y, supuestamente, asesinó a los residentes de Balta. Los rusos de Catalina se impusieron y obtuvieron el sur de Ucrania, el norte del Cáucaso y Crimea, y ampliaron su acceso al Mar Negro. Los otomanos intentaron recuperar su territorio en la segunda guerra ruso-turca, pero fracasaron estrepitosamente.

En los años que siguieron a la Revolución Francesa, Catalina temía que la Ilustración europea hiciera peligrar las monarquías europeas. Hacia finales de siglo, Polonia, un satélite ruso, comenzó a mostrar preocupantes tendencias democráticas. En 1792, las fuerzas rusas derrotaron a los polacos en la "Guerra en defensa de la constitución", tras lo cual Rusia, Austria y Prusia se repartieron Polonia.

Catalina siempre mantuvo relaciones cordiales con las grandes potencias europeas, Prusia, Francia y Austria, y éstas no se opusieron a la expansión rusa.

Política interior

A lo largo de su reinado, Catalina emprendió un amplio abanico de reformas con el fin de transformar a la muy corrompida e incompetente burocracia rusa. Intentó modelar su gobierno y su corte siguiendo el ejemplo francés de Versalles. Pagó las reformas requisando las propiedades del clero, que era dueño de casi un tercio de la tierra y los siervos de Rusia. Cortejó el favor de la aristocracia, ampliando su ya importante poder sobre el campesinado ruso.

En 1773 se desató una peste en Rusia, que ya estaba sufriendo las nefastas consecuencias de su larga guerra con Turquía. Pugachov, un oficial cosaco, aprovechó el creciente descontento y se hizo pasar por el marido muerto de Catalina, el zar Pedro III, para reclutar un ejército de campesinos con el objeto de derrocar a la emperatriz mientras el ejército ruso estaba en campaña contra los turcos. Afortunadamente para Catalina, la primera guerra ruso-turca terminó justo a tiempo y el ejército pudo regresar del frente para aplastar la rebelión antes de que llegara a Moscú. Por ello, Catalina se volvió muy suspicaz con el campesinado y dictó leyes aún más represivas contra ellos.

Las artes

Mecenas de las artes, Catalina encargó obras a numerosos escultores y pintores. Durante su reinado, San Petersburgo pasó de ser una ciudad primitiva y poco acogedora a una de las más hermosas e impresionantes capitales europeas. Su colección de arte privada fue la base del famoso Hermitage, uno de los mejores museos de arte del mundo.

El escándalo

A pesar de sus muchos logros en el ámbito de lo público, Catalina es conocida sobre todo por los excesos de su vida privada. Sus amoríos son materia de leyendas; se ha llegado a decir que se acostó con un considerable porcentaje del cuerpo de oficiales del ejército ruso, además de sus muchos y conocidos romances con una auténtica horda de importantes políticos y artistas europeos. Se decía que, cuando Catalina se cansaba de un amante, lo "retiraba con pensión", es decir, le entregaba una gran suma de dinero, campesinos y alguna tierra apartada de Moscú.

El juicio de la historia

Su reinado destacó por la expansión del imperio. La anexión de Crimea y la expansión por las estepas situadas más allá de los Urales tuvieron enorme importancia a la hora de asegurar la costa norte del Mar Negro. Esto posibilitó la protección de los asentamientos agrícolas rusos en el sur y el establecimiento de rutas comerciales a través del Mar Negro. La partición de Polonia llevada a cabo por Catalina permitió también acercar Rusia al resto de Europa, al menos desde el punto de vista geográfico.

Catalina llevó a cabo numerosas obras públicas en Rusia y el resto de sus dominios. También incrementó el comercio interno y externo. Por otra parte, no fue de gran ayuda para el campesinado ruso; de hecho, la vida del campesino se hizo más dura durante su reinado.

Catalina murió a la edad de 67 años, más vieja que ningún otro monarca Romanov. Al igual que la reina Isabel I de Inglaterra, Catalina demostró que una mujer puede tener la suficiente inteligencia y entereza para dirigir un gran país.