Civilization V CIVILOPEDIA Online
Civilizaciones y líderes
Darío I

Vivió:

550 - 486 a. C.

Títulos:

El rey Darío el Grande

Civilización:

Darío I
Líder de Persia

Información de la partida:

Legado de los aqueménidas

Las Edades de Oro golden age duran un 50% más. Durante ellas hay una bonificación de +1 al Movimiento moves y +10% a la Fuerza de combate strength.

Historia

Darío I, hijo del sátrapa de Partia, asumió por la fuerza el trono a la muerte de Cambises II en el 522 a. C. Fue un genio administrativo que reorganizó el Imperio Persa, que se encontraba en plena expansión, potenció su riqueza y poder, y realizó grandes construcciones.

Primeros años

Buena parte de lo que sabemos de Darío I procede del historiador griego Herodoto y de los registros persas encargados por el propio emperador. Según Herodoto, el rey persa Ciro el Grande temía una conspiración del joven Darío contra él. Pero Darío sobrevivió a esta sospecha y se convirtió en general y guardaespaldas del hijo y heredero de Ciro, Cambises II, cuando éste accedió al trono. Cambises falleció en Egipto en el 522 a. C. Tras su muerte, Darío regresó a Media y mató a Esmerdis, el hermano de Cambises, a quien acusó de impostor y de haber usurpado el trono.

Tras matar a Esmerdis (o al impostor, en función de la historia que se quiera creer), reclamó el trono persa, decisión que no cayó bien en las provincias, por lo que tuvo que enfrentarse a graves revueltas en Babilonia, Elam, Media, Sagartia y Margiana. De hecho, Babilonia se rebeló dos veces y Elam, tres. Sin embargo, las insurrecciones no estaban coordinadas y Darío pudo reprimirlas individualmente. Según uno de sus registros, Darío derrotó a nueve líderes rebeldes en 19 batallas. Logró asegurar su trono aproximadamente en el 518 a. C.

Las fronteras de Persia

Darío inició entonces una serie de guerras para ampliar sus territorios y reforzar las fronteras de Persia. En el 519 atacó a los escitas, al este del mar Caspio, y poco después conquistó el valle del Indo. Más tarde, batalló al noroeste de Asia Menor, conquistando Tracia y luego Macedonia. Intentó ampliar su cabeza de puente en Europa cruzando el Danubio hacia el norte, pero tuvo que retirarse ante la enconada resistencia que ofrecieron los nómadas escitas. Finalmente, se aseguró el control de Lemnos e Imbros, las islas del Egeo.

Persia ya tenía las colonias griegas de Asia Menor, el estrecho del Bósforo (que le permitía controlar el Mar Negro), Macedonia, que limitaba con Grecia al norte, y varias islas estratégicas del Egeo. Las ciudades-estado griegas, poderosas pero dividas, contemplaban con envidia y temor la expansión persa; el conflicto era inevitable.

Darío el gobernante

Cuando no estaba batallando en las fronteras de su imperio, Darío tomaba decisiones dirigidas a unificar el imperio y mejorar su administración. Completó la organización en satrapías (provincias) y fijó los tributos anuales que debía cada una de ellas. Mejoró la red viaria y estandarizó los pesos y medidas de la moneda, potenciando de esta manera el comercio en todo el imperio. Financió expediciones desde la India hasta Egipto y completó un canal que unía el Nilo con el mar Rojo.

Darío fue el mayor constructor de la historia de los aqueménidas persas. Erigió fortificaciones, un palacio y edificios oficiales en Susa, su capital administrativa. En Persépolis, la ciudad que le vio nacer, inició la construcción de un nuevo palacio, un ayuntamiento, una sala del tesoro y más fortificaciones (que no se terminarían hasta después de su muerte).

Aunque aplacó con firmeza todos los intentos de insurrección, Darío demostró una gran dosis de tolerancia con las creencias religiosas de sus vasallos. Construyó algunos templos en Egipto en honor de los dioses locales y ordenó a su sátrapa egipcio que codificara las leyes consultando a la clase sacerdotal. En 519 a. C., permitió a los judíos iniciar la reconstrucción del templo de Jerusalén. Se cree que el propio Darío era devoto del zoroastrismo, que acabó siendo la religión estatal persa.

La guerra con Grecia

En el 499 a. C., las ciudades-estado de Atenas y Eretria apoyaron un levantamiento de algunas colonias griegas de Asia Menor contra Persia. Darío aplastó la rebelión y comenzó a planear una campaña contra los entrometidos griegos.

En el 492 a. C., Darío puso a Mardonio, su yerno, al cargo de una expedición contra Grecia, pero una tormenta destrozó su flota cerca del monte Athos y no pudo seguir avanzando. En el 490, otro ejército persa logró invadir Grecia, destruyó Eretria y esclavizó a sus habitantes antes de caer ante los guerreros atenienses en Maratón. Darío estaba planeando una tercera campaña cuando le sobrevino la muerte en el 486 a. C.

El veredicto de la historia

La historia trata a Darío con generosidad (si nos olvidamos de su cuestionable ascensión al trono, algo que sucedió con bastante frecuencia a lo largo de toda la historia). Construyó caminos, reorganizó las provincias y el gobierno persa, aseguró las fronteras del imperio y generalmente trató a sus súbditos tan bien o mejor que los gobernantes de aquellos tiempos. Aunque no debe su gran fama a las hazañas militares, libró con éxito algunas campañas contra enemigos internos y externos. Es bastante posible que hubiera conquistado Grecia de no haberle llegado la hora. Su hijo, Jerjes I, no estuvo a la altura. Con todo, Darío dejó el imperio en mejor estado que se lo encontró, y eso es un epitafio bastante bueno para cualquier líder de aquella época.