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Civilizaciones y líderes
Gustavo Adolfo

Vivió:

1594-1632 d. C.

Títulos:

Rey

Civilización:

Gustavo Adolfo
Líder de Suecia

Información de la partida:

Premio Nobel

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Historia

Gustavo Adolfo, rey y comandante militar sueco apodado "León del Norte", ascendió al trono con 17 años y pronto se ganó una reputación como estratega militar astuto e innovador en el arte de la guerra. De su padre, el usurpador Carlos IX, heredó una compleja red de conflictos domésticos e internacionales, pero Adolfo enseguida formó alianzas con la nobleza hostil para aplastar a los enemigos de Suecia y llevar a la nación a la cúspide del poder en la Europa del siglo XVII.

Los conflictos de su padre

La mayor parte del caos que esperaba a Adolfo tras la sucesión fue resultado directo del breve reinado de su padre. Su padre era el duque Charles, que fue regente de Suecia en lugar de su sobrino, el rey Segismundo de Polonia. Como rey de Polonia y gran duque de Lituania, Segismundo también era legítimo rey de Suecia, pues su padre, Juan III, fue el anterior rey sueco. Sin embargo, en aquel momento tanto Suecia como Carlos eran protestantes, mientras que Segismundo era un católico devoto, así que se formó una unión personal con Polonia para evitar una posible conversión forzada al catolicismo de Suecia. Esta unión les permitía compartir rey conservando sus propias leyes y cultura y separando a las facciones religiosas enfrentadas: el duque Carlos gobernaba como regente mientras Segismundo permanecía en Polonia.

Como regente, Carlos protegió la fe protestante y aprovechó la creciente tensión religiosa para ejercer su autoridad y provocar a los gobernadores regionales suecos que todavía eran leales a Segismundo e incitar una guerra civil. Tras varios enfrentamientos breves, el conflicto finalizó con la contundente derrota del ejército de Segismundo en la batalla de Stangebro de 1598. Segismundo fue capturado y devuelto a Polonia, y quedó con pocos apoyos en Suecia. En 1600, el Riksdag, el consejo parlamentario sueco, declaró que Segismundo había abdicado y proclamó rey de Suecia a Carlos.

Los acontecimientos previos a la coronación de Carlos tuvieron un impacto profundo en el futuro reinado de Adolfo. No solo se quebró la unión personal entre Polonia y Suecia, sino que Segismundo todavía reclamaba el trono sueco y se negaba a renunciar a sus pretensiones. El resultado fue un estado casi constante de guerra entre las dos naciones durante los siguientes 50 años.

Primeros años de reinado

Aunque se admita que Carlos protegió la fe protestante del pueblo sueco, sus pretensiones al trono eran más que dudosas. Murió en 1611, tras apenas siete años de reinado, dejando a su hijo un reino sumido en el caos. Adolfo, que ya había servido en el ejército junto a su padre durante los años anteriores, fue coronado rey con 17 años. Nada más asumir el trono, intentó resolver los conflictos con la nobleza sueca, cuya autoridad y participación en el gobierno a través del Riksdag habían sido reducidas por Carlos. Según las leyes del parlamento, Adolfo era demasiado joven para ser rey. Sin embargo, se llegó a un acuerdo: Adolfo sería rey a cambio de conceder a la nobleza puestos en su Consejo Real, un cuerpo de consejeros próximos al rey.

Adolfo se enfrentaba a problemas que amenazaban con una posible guerra en tres frentes: la creciente tensión con Dinamarca y Rusia, y la ya prolongada disputa con Segismundo y Polonia. Adolfo actuó con rapidez para solventar algunas situaciones, como el conflicto con Segismundo, que solucionó al firmar una tregua en 1611, una paz que ambos renovarían cada año para atender a otros problemas.

El conflicto de Kalmar había surgido cuando Suecia reclamó la provincia noruega de Finnmark, lo que permitió a los comerciantes suecos ahorrarse la tasa danesa que se cobraba a todos los que atravesaban el estrecho que conecta los mares Báltico y del Norte. Los daneses, que dependían mucho de esa tasa y temían que los suecos crearan una ruta alternativa, declararon la guerra a Suecia en 1611. Fue Carlos quien comenzó la campaña sueca, pero murió poco después y dejó a Adolfo con muy pocos medios. Tras dos años de enfrentamientos y tras perder varias plazas fuertes importantes suecas, la paz de Knared de 1613 puso fin a la guerra. Aunque Suecia pagó un alto precio para recuperar sus fortalezas perdidas, consiguió una dispensa de la tasa cobrada al atravesar el estrecho.

La guerra de Ingria contra Rusia se inició en 1610, cuando Carlos intentó conseguir el trono de Rusia para su otro hijo, Carlos Felipe. La muerte de Carlos al poco de iniciarse el enfrentamiento obligó a Adolfo a encargarse él mismo de la gestión. Se libraron batallas en Rusia y durante siete años ambos bandos ganaron y perdieron territorios sin que se produjera ningún avance real. El Tratado de Stolbovo de 1617 puso fin a la guerra: Suecia obtenía algunas provincias, pero también devolvía parte del territorio que había conquistado y reconocía a Miguel Romanov como legítimo zar de Rusia.

Estos conflictos iniciales permitieron a Adolfo pulir su talento como rey y comandante, aprender diplomacia, tácticas militares y adquirir una valiosa experiencia que le preparó para las batallas más importantes que le deparaba el futuro.

Reformas políticas

Según lo acordado en su sucesión, Adolfo concedió más autoridad al Riksdag, que pasó de ser un cuerpo ceremonial a un consejo de gobierno capaz de tomar decisiones propias que afectaban a la política nacional. Como resultado, Adolfo forjó una estrecha relación de trabajo con Axel Oxenstierna, un noble al que nombró Alto Canciller del Consejo Real. Adolfo aplicó las políticas nacionales más notables bajo la atenta dirección de Oxenstierna. Entre sus logros cabe destacar el establecimiento de cuatro "estados" bien definidos en 1617: la nobleza, el clero, la burguesía y el pueblo llano; cada miembro de la sociedad sueca tenía su sitio y su voz en el panorama nacional.

Innovaciones militares

Entre los muchos títulos que sus contemporáneos y los historiadores dieron a Gustavo Adolfo, destaca su reputación como "padre de la guerra moderna" por las innovaciones tácticas y de armamento producidas durante su reinado. Los ejércitos modernos todavía emplean muchas de ellas, incluyendo la artillería ligera móvil, las formaciones variadas con tropas mixtas y las tácticas ofensivas agresivas para contrarrestar las formaciones defensivas formales que se empleaban en aquella época. Adolfo fue uno de los primeros en equipar a sus soldados con cartuchos de papel para las armas de fuego, que incluían una cantidad medida de pólvora en un cono de papel. Al eliminar la necesidad de medir y separar la pólvora en el campo de batalla, aumentaba la fiabilidad y la velocidad de disparo de sus soldados.

En el campo de batalla

La parte más importante del legado de Adolfo fue su aptitud como comandante en el campo de batalla, algo que adquirió de forma natural tras participar en los conflictos armados durante sus años de adolescencia en los que gobernaba su padre. Adolfo fue herido varias veces en combate, incluyendo una bala de mosquete que quedó alojada cerca de su cuello, pero no permitió que ello le apartara de su deber, y siguió librando combates protegido por un simple peto de cuero que le producía menos dolor que la pesada armadura de hierro.

De las numerosas batallas que libró en nombre de Suecia, la más notable se produjo durante la Guerra de los Treinta Años, un conflicto muy destructivo entre estados protestantes y católicos del Sacro Imperio Romano que dejó una marca indeleble en Europa. Aunque fueron varias las causas del inicio de la guerra en 1618, Suecia mantuvo su neutralidad hasta que, en 1630, Adolfo decidió apoyar a los protestantes alemanes y defender Suecia de las ambiciones expansionistas del emperador del Sacro Imperio. Los ejércitos suecos, dirigidos por Adolfo y su lema "Gott Mit Uns!", que significa "¡Dios con nosotros!", tuvieron éxito en sus primeros enfrentamientos, aplastaron a las fuerzas católicas y detuvieron su avance.

Quizá la más famosa fue la batalla de Breitenfeld de 1631, en Sajonia (la Alemania actual). El eficaz uso de la artillería móvil y una serie de astutas maniobras bien coordinadas de los "haccapélites", la caballería finlandesa, permitieron a Adolfo aplastar a las fuerzas imperiales, capturar las posiciones de artillería enemigas y usar sus propias armas contra ellos. Fue una victoria absoluta del ejército conjunto protestante que cimentó la fama de Adolfo como líder competente y peligroso enemigo del Sacro Imperio Romano.

Poco después, durante la batalla del río Lech que se libró en Baviera en el año 1632, Adolfo dirigió un ejército de 40.000 soldados suecos contra un contingente católico menor a las órdenes del conde Johann Tserclaes. Bajo la cobertura de la artillería móvil, Adolfo cruzó el río con sus haccapélites empleando puentes temporales. Una vez al otro lado, las unidades de caballería de élite se atrincheraron y crearon una posición defensiva que permitió cruzar el río al resto del ejército. Adolfo dirigió una rápida carga contra las fuerzas católicas, Tserclaes cayó herido, y más tarde murió.

Adolfo participó en su última batalla en Lutzen, Alemania, a finales del 1632, cuando quedó separado de sus hombres mientras dirigía una carga a través de un denso humo y fue abatido por armas de fuego. Sumidos en el estupor provocado por la pérdida de su gran rey, no tardó en reinar el caos entre los soldados suecos, que a pesar de ello lograron forzar la retirada del ejército imperial. Aunque Suecia sufrió varias derrotas tras la muerte de Adolfo, la Paz de Westfalia de 1648 puso fin a la Guerra de los Treinta Años y para entonces Suecia ya se había convertido en una de las grandes naciones de Europa, gracias en gran medida al brillante reinado de Gustavo Adolfo.

El juicio de la historia

Casi 200 años después de la muerte de Adolfo, el comandante francés Napoleón Bonaparte lo alabó como uno de los mejores comandantes militares de la historia. Adolfo obtuvo una victoria tras otra y dio forma al futuro de la guerra con tácticas y estrategias innovadoras. Aunque su padre le dejó una herencia de conflictos y problemas, Adolfo supo estar a la altura y llevó al reino de Suecia a la cúspide de su poder militar y político.