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Civilizaciones y líderes
Isabel

Vivió:

1451 - 1504 d. C.

Títulos:

Reina de Castilla y León

Reina consorte de Aragón, Mallorca, Nápoles y Valencia

Civilización:

Isabel
Líder de España

Información de la partida:

Las Siete ciudades de Cíbola

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Historia

Isabel fue la reina de Castilla y León durante 30 años y, junto a su marido Fernando, sentó las bases para la consolidación de España. Por su participación en la unificación de España, la financiación de los viajes de Colón a América y la finalización de la Reconquista de la Península Ibérica, Isabel es considerada uno de los monarcas más importantes y queridos de la historia de España.

Los primeros años

Isabel nació el 22 de abril de 1451 en Ávila, hija de Juan de Castilla e Isabel de Portugal. Tenía un hermano mayor, Enrique (que le llevaba 26 años) y posteriormente tuvo un hermano más pequeño, Alfonso, que la desplazó en la línea sucesoria. Cuando su padre murió en 1454, Enrique subió al trono de Castilla como rey Enrique IV e Isabel y su familia se trasladaron a Arévalo y vivieron en un castillo maltrecho, donde su madre empezó a perder la cordura. No fue hasta pasados unos años, cuando la esposa de Enrique dio a luz, que éste les permitió a sus hermanos que regresaran a la corte de Segovia.

Ahí Isabel recibió una educación propia de su rango y su vida mejoró considerablemente, pero Enrique le impuso un límite: la mujer tenía prohibido abandonar Segovia sin permiso de éste. Enrique alegó que esta medida estaba pensada para mantener a Isabel apartada de los tumultos políticos que se estaban gestando en el reino a causa de la heredera que había elegido (su hija recién nacida, Juana), pero muy probablemente lo hiciera para impedir que su hermana contactara con los nobles rebeldes.

No obstante, los nobles no tuvieron ningún problema para hablar con su hermano pequeño, Alfonso, y éste propició la segunda batalla de Olmedo en 1467 para exigir que Enrique lo convirtiera en su heredero. Alcanzaron un compromiso, por el que Enrique nombró a Alfonso príncipe Asturias, un título que daría al heredero principal Castilla y León, y pensó en casar a su hija Juana con Alfonso. Pero Alfonso no tuvo mucho tiempo para disfrutar de su nuevo título y murió poco después, probablemente a causa de la peste. Alfonso había nombrado sucesora a Isabel, y el título pasó a ser de ella.

En vez de continuar la rebelión contra su hermano mayor, Isabel se reunió con Enrique en los Toros de Guisando y negoció un tratado de paz permanente. Enrique nombraba oficialmente a Isabel como su heredera, pero a ésta le quedaba prohibido casarse sin el consentimiento de él. No obstante, Enrique tampoco la podría obligar a casarse contra su voluntad. Ambas partes accedieron a este acuerdo, y Enrique empezó a buscar a un marido digno para su hermana.

Fracaso de la política matrimonial de Enrique

En aquel momento, Isabel estaba prometida a Fernando, hijo de Juan II de Aragón (como lo había estado desde que tenía tres años), pero Enrique rompió este acuerdo. En vez de ello, intentó casar a Isabel con Carlos IV de Navarra, otro de los hijos de Juan, pero éste se negó.

Poco después, en 1464, Enrique intentó casar a Isabel con el rey Eduardo IV de Inglaterra, pero éste se negó igualmente. También hizo muchos intentos de casarla con el rey Alfonso V de Portugal, pero ella lo rechazó en el altar debido a su avanzada edad.

El pequeño culebrón castellano continuó con el compromiso matrimonial de Isabel con Pedro Girón, hermano del privado favorito de Enrique. Isabel rezó con ahínco para que los esponsales no se celebraran, pues don Pedro tenía 27 años más que ella. La mujer estaba convencida fervientemente de que Dios había respondido a sus plegarias, puesto que el hidalgo murió de un ataque de apendicitis cuando se dirigía a conocer a su prometida.

En la decreciente línea de pretendientes de Enrique, el siguiente era el hermano de Luis XI, Carlos, duque de Guyena. A estas alturas, Isabel ya estaba harta de los patéticos intentos velados de Enrique por apartarla de la línea sucesoria con un mal matrimonio político, y empezó a negociar con Juan II de Aragón en secreto para prometerse de nuevo en matrimonio con su hijo Fernando.

Fernando y la pugna por el trono

Aunque todas las partes estaban a favor del matrimonio de Fernando e Isabel (excepto Enrique, claro, que aún intentaba tentar a Francia y Portugal), quedaba un pequeño problema: los jóvenes eran primos lejanos. Por ley canónica, era necesaria una bula papal para que los primos pudieran casarse, pero el Papa se negaba a darles una por miedo a las represalias por parte de Castilla, Portugal y Francia.

No obstante, Isabel se negaba a casarse sin la dispensa, pues ya era una mujer muy devota. Fernando buscó la ayuda de Rodrigo Borgia en Roma (que más tarde se convertiría en el papa Alejandro VI) y le presentó a Isabel una "bula papal" de Pío II. El documento, posiblemente una falsificación, le pareció suficiente a la mujer, que accedió rápidamente a casarse. Con la excusa de visitar la tumba de su hermano en Ávila, Isabel consiguió zafarse de la vigilancia de Enrique mientras Fernando se colaba en Castilla disfrazado de mercader. El novelesco viaje de Isabel tocó a su fin el 19 de octubre de 1469, cuando se casó con Fernando en Valladolid.

Enrique descubrió que se había celebrado el matrimonio poco después y le rogó al Papa que anulara el matrimonio. Pero el nuevo pontífice, Sixto IV, no tenía los recelos de su predecesor respecto a despertar las hostilidades de Castilla y, en vez de ello, le regaló a la pareja una bula papal, con lo que frustró a Enrique por completo.

Unos años después, en 1474, Enrique murió y estalló una guerra sucesoria en Castilla. Portugal apoyó a la hija de Enrique, Juana, para que subiera al trono, pero Isabel tenía la ayuda de Aragón (a través de Fernando) y después consiguió la de Francia. La guerra se prolongó cuatro años, pero finalmente Sixto IV volvió a aparecer al rescate de Isabel. El papa anuló el matrimonio de Juana con Alfonso V de Portugal, irónicamente fundamentándose en una relación de parentesco estrecho entre ambos. Juana se vio obligada a renunciar a sus títulos de princesa y reina de Castilla, y el trono pasó a ser de Isabel el 20 de enero de 1479.

Isabel dedicó los primeros años de su reinado a cimentar la base de su poder y continuar la Reconquista de la Península Ibérica. No obstante, su reino pasaría ser mundialmente recordado en el crucial año de 1492.

1492

Casi todo por lo que se recuerda a Isabel en la historia tuvo lugar ese año: el final de la Reconquista, la financiación de Cristóbal Colón y la intensificación de la Inquisición.

Durante más de siete siglos, los monarcas peninsulares libraron una guerra conocida como "la Reconquista" para intentar recobrar el control de la tierra y expulsar a los musulmanes. Durante los últimos 200 años de ese periodo, el reino de nazarí de Granada había sido el último bastión de las dinastías musulmanas en la Península Ibérica. Isabel y Fernando lideraron un asalto decidido contra el reino, ofensiva que empezó en 1482. Isabel se encargaba con frecuencia de cohesionar a sus soldados poniéndose a rezar en medio del campo de batalla e incluso se construyó una fortaleza en el exterior de la ciudad de Granada en forma de cruz, convencida de estar haciendo la voluntad de Dios. Finalmente, las fuerzas de Isabel salieron victoriosas y firmó el Edicto de Granada, que puso fin a la Reconquista tras 700 años de luchas.

Unos años antes, ya siendo reina, Isabel había conocido a un joven explorador llamado Cristóbal Colón, que buscaba que se le financiara una expedición para llegar a las Indias navegando por el Oeste. Los consejeros de ésta estimaron el plan impracticable, pues creían que la distancia que proponía para llegar a Asia era demasiado corta para ser posible. No obstante, en vez de echarlo, como habían hecho en Portugal, Isabel le concedió una pequeña asignación anual y alojamiento gratis en todas sus ciudades. El marinero siguió intentando vender su plan a diferentes monarcas, y éstos continuaron rechazándolo.

Tras regresar Isabel de Granada, Cristóbal Colón se acercó de nuevo a ella. Por consejo de su confesor, la monarca lo despachó firmemente. Mientras Colón se marchaba de Córdoba, desesperado, Fernando convenció rápidamente a Isabel de que cambiara de parecer. Ésta envió un guardia real a buscarlo y pronto empezaron a planear la financiación de la expedición. Colón partió en su accidentado viaje el 3 de agosto de 1492 y desembarcó en América el 12 de octubre. El mecenazgo de Isabel y Fernando del intrépido explorador marcó el inicio de la edad de oro de la exploración y la colonización españolas.

Nadie se espera la Inquisición

El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición Española (o, para abreviar, la inquisición española) lo fundó Isabel en 1478 para mantener la ortodoxia católica en Castilla y Aragón y sustituir a la inquisición medieval, que se encontraba bajo el control del Papa. No obstante, en 1492 cambió a peor.

Un fraile dominico, Tomás de Torquemada, se convirtió en el primer Inquisidor General e instó a los monarcas a perseguir una política más activa de unidad religiosa. Aunque Isabel no estaba dispuesta a tomar medidas duras contra los judíos de su reino (por razones puramente económicas), Torquemada pudo convencer a Fernando y, a través de él, a Isabel. El 31 de marzo de 1492 se firmó el Decreto de la Alhambra, que dictó la expulsión forzosa de los judíos. Unos 200.000 hebreos salieron inmediatamente de España, mientras que otros se convirtieron, aunque este último grupo cayó bajo la estricta vigilancia de la Inquisición.

Los musulmanes de la región de Granada, a los que en origen se les había concedido libertad religiosa, fueron presionados para convertirse. Después de que muchos de ellos se levantaran, se adoptó la política de obligarlos a la conversión o a la expulsión, de manera muy parecida a la ocurrida con los judíos.

Los últimos años

Isabel siguió estabilizando su creciente imperio durante todo su reinado, y se afanó por unir a sus descendientes con otras naciones europeas, con la esperanza de evitar una guerra de sucesión como la que ella misma había sufrido. Luchó por unir la Península Ibérica bajo una misma corona. Casó a su hijo mayor con una archiduquesa austriaca, con lo que cerró un lazo con los Habsburgo, y a su hija mayor con Manuel I de Portugal. No obstante, los planes de Isabel cayeron en saco roto cuando ambos hijos murieron poco después y la corona pasó a su tercera hija, Juana la Loca. Juana se casó con Felipe, duque de Borgoña, y se convirtió en la última monarca de la casa Trastámara. Tras ella, la corona pasó a los Habsburgo.

Isabel murió en 1504 y posteriormente fue enterrada en la Capilla Real de Granada.

Legado para la historia

Bajo Isabel la Católica, España quedó unida, la Reconquista de la Península Ibérica tocó fin y el poder de la zona se centralizó. También sentó las bases de la que sería la maquinaria militar predominante del siglo siguiente (la Armada), reformó la iglesia nacional y lideró la expansión española por las nuevas colonias americanas. Aunque muchos critican su participación en la inquisición y en la persecución de judíos y musulmanes, otros están haciendo campaña en la actualidad para que la Iglesia Católica la canonice. Pese a sus actos cuestionables persiguiendo a gentes de otras creencias, Isabel fue una de las monarcas más influyentes e importantes de España.