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Civilizaciones y líderes
María I

Vivió:

1734-1816 d. C.

Títulos:

Reina regente de Portugal, Brasil y el Algarve

Civilización:

María I
Líder de Portugal

Información de la partida:

Mare Clausum

La diversidad de recursos aporta el doble de Oro gold a Portugal en las rutas comerciales.

Historia

Sin duda, María I, perteneciente a una dinastía caracterizada por la tragedia y la locura, es la reina más conocida y quizás la más amada por el pueblo portugués. Como reina de Portugal, Brasil y el Algarve, recibió el sobrenombre de María la Pía, o María la Loca tras marchar a Brasil en 1807 huyendo de la invasión napoleónica. Murió en Río de Janeiro, en 1816, ya incapacitada por la locura.

Primeros tiempos

María, criada y educada en la corte con sus tres hermanas más jóvenes, dedicó gran atención a la religión y a la teología. Embelesada por los rituales y la claridad de la fe, pasó largas horas rezando. Algunos visitantes contaban que era de porte gracioso, aunque alta, con rasgos afilados pero sonrisa agradable. Sin embargo, ya como adolescente padeció accesos de melancolía y agitación nerviosa que ocasionalmente la confinaban en cama.

En su etapa adulta se casó con Pedro III, el hermano menor de su padre. A pesar de la diferencia de edad, pues ella tenía 25 años y Pedro 42, el matrimonio fue estable y feliz. Ambos eran muy devotos y asistían a misa juntos varias veces al día. Pedro derribó su palacio en Queluz y construyó uno nuevo al estilo de Versalles, que enamoraba a María; la pareja estableció allí su residencia en 1764. A lo largo de los años, María dio a luz a siete niños, aunque solo tres de ellos llegaron a adultos.

Ascenso

En 1776, el rey José I sufrió un ataque y murió en febrero del año siguiente. Tras el terremoto y la ola gigante que destrozó Lisboa y la costa de Portugal en 1755, y un intento de asesinato en 1758, José fue dejando el gobierno de la nación en las crueles manos de su secretario de estado, el marqués de Pombal, cuyos métodos reformistas eran brutales y recortaban libertades civiles y personales. El primer acto de María al subir al trono fue expulsarlo del gobierno, fundamentalmente por sus políticas antijesuitas.

Portugal se fue involucrando en los asuntos europeos a lo largo de los siguientes años. Con la Revolución Francesa a la vuelta de la esquina, cerró una alianza con Gran Bretaña. En julio de 1782, Portugal se unió a la Liga de la Neutralidad Armada con la esperanza de permanecer ajenos a las guerras napoleónicas. María y su consorte pasaron aquellos años promoviendo las artes, especialmente las obras religiosas y los proyectos de construcción.

Locura

La reina llevaba mucho tiempo padeciendo fanatismo religioso y melancolía, pero la primera vez que se reconoció su estado mental fue a principios de 1786, cuando tuvo que ser trasladada a sus aposentos por sus delirios tras una ceremonia religiosa. Su estado empeoró ese mismo año al fallecer su marido tras una breve enfermedad, seguido por su hijo mayor, dos años después, y Mariana, la única hija que había sobrevivido. Ese mismo año también murió el confesor de la reina. El efecto acumulado de estos acontecimientos sumió a María I en la locura.

En 1792, el consejo de ministros declaró loca a la reina y solicitó que Joao, el único hijo que había sobrevivido, "se hiciera cargo de la dirección de los asuntos públicos". En 1799 asumió el título de príncipe regente de Portugal, pues su madre no era apta para gobernar. María I quedó confinada en palacio, vagando ocasionalmente por los pasillos, gritando "¡Ay, Jesús!" y llamando a sus hijos y marido fallecidos.

Huida a Brasil

En 1807, la negativa del gobierno a unirse al bloqueo de Napoleón contra Gran Bretaña culminó en una invasión francoespañola. Joao, incapaz de evitar la derrota y a petición del gobierno británico, decidió huir con toda la familia real y sus ministros al virreinato portugués de Brasil. Aunque Wellington liberaría Portugal en la Guerra de la Independencia Española, la familia real decidió permanecer en Brasil algunos años más.

La propia María pasó gran parte de los años que le quedaban en un convento de Río de Janeiro. Durante los ocho años que pasó allí, sus dolencias físicas fueron aumentando: padeció disentería, fiebres tropicales, artritis y edemas que la confinaron a una silla de ruedas y, más tarde, a su cama. Cuando recibía visitas de familiares, gritaba una y otra vez: "¡Quiero morir!". Al final, a la edad de 81 años, su trágica vida llegó a su fin.

El juicio de la historia

A pesar de su locura, el personaje de María I es muy admirado tanto en Portugal como en Brasil debido a los cambios y acontecimientos que se produjeron durante su reinado. En Portugal tiene fama de mujer fuerte y dejó su huella en el plano cultural, como el Palacio Real de Queluz, una obra maestra del Barroco que ella ayudó a diseñar. En Brasil se la considera un personaje clave para la posterior independencia de la nación. Aunque su vida personal fue lamentable, su legado histórico no lo es.