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Civilizaciones y líderes
Napoleón

Vivió:

1769 - 1821 d. C.

Títulos:

El primer cónsul de la Primera República francesa

El emperador Napoleón I del Primer Imperio francés

Civilización:

Napoleón
Líder de Francia

Información de la partida:

Ciudad de la Luz

Las bonificaciones de tema de Museo y de Gran maravilla del mundo se doblan en su capital.

Historia

Es prácticamente imposible pasar por alto el genio militar de Napoleón Bonaparte.

Primeros años

Napoleón Bonaparte nació en la isla de Córcega. Entró en una academia militar a los diez años de edad, donde demostró grandes aptitudes para las matemáticas, la historia y la geografía, así como una indiferencia total hacia la literatura y las humanidades. A los 14 años fue nombrado subteniente en un regimiento de artillería. Al estallar la Revolución Francesa, Napoleón se alineó con los revolucionarios, y fue nombrado coronel de artillería. No tardó mucho en labrarse una reputación como comandante capaz.

Ascensión al poder

Napoleón demostró muy pronto su genio como militar y su capacidad para moverse por el peligroso paisaje de la Francia revolucionaria, donde un paso en falso podía costarle la cabeza a uno, literalmente. En 1794 ya era general de brigada, y en 1795 recibió el mando del Ejército del Interior. Tenía 25 años. A lo largo de los años siguientes, Napoleón llevó a los ejércitos franceses de victoria en victoria contra sus adversarios continentales, incluida la poderosa Austria.

Aprovechando su éxito y su creciente popularidad entre los ciudadanos y el ejército, en 1800 derrocó al gobierno y se proclamó "Primer Cónsul". Cinco años más tarde, se coronaría él mismo "Emperador y Cónsul Vitalicio", mostrando así su gran desprecio por las raíces democráticas revolucionarias que lo habían llevado al poder.

"Vive l'Empereur!"

Excepcional administrador, reorganizó rápidamente el gobierno, derogó las leyes más radicales y violentas de la revolución y reabrió las iglesias, lo que cimentó su popularidad entre el pueblo francés. Sin embargo, Francia seguía en guerra con casi toda Europa, y Napoleón volvió al campo de batalla, donde, con sus asombrosas victorias sobre Austria, consiguió que este país e Inglaterra firmaran la paz.

Sin embargo, Inglaterra recelaba de las ambiciones imperiales de Francia y la guerra se reanudó en 1803. Napoleón no tardó en enfrentarse a una poderosa alianza formada por Inglaterra, Austria, Rusia y Suecia. Actuando con prodigiosa velocidad y astucia, Napoleón utilizó sus "líneas interiores" para concentrar sus fuerzas contra sus dispersos enemigos. Tras atravesar Europa a toda velocidad, capturó la capital de Austria y aplastó a las fuerzas rusas en la batalla de Austerlitz. Austria volvió a pedir la paz. Durante varios años, Napoleón derrotaría a todo aquél que le atacase. Aplastó a los prusianos, a los españoles y una segunda vez a los austríacos. No obstante, Rusia e Inglaterra permanecían invictas.

La campaña rusa

Finalmente, Napoleón decidió que su posición en Europa nunca sería segura mientras Rusia, ayudada por la pérfida Inglaterra, estuviera en su flanco. Con Inglaterra bien parapetada detrás del Canal de la Mancha y de su soberbia armada, no tenía más remedio que atacar a Rusia, el único enemigo de la alianza al que podían llegar sus ejércitos. En 1812, se puso al frente de medio millón de hombres y partió hacia Moscú. Las fuerzas rusas retrocedieron frente a sus fuerzas, llevándose o quemando todo aquello que pudiera ser de utilidad para los invasores; mientras, en la retaguardia, los ataques de los cosacos destruían las líneas de suministro de Napoleón. Bonaparte consiguió llegar hasta Moscú y capturarla, pero, una vez más, los rusos se habían llevado todo lo que podía alimentar a sus hombres o lo habían quemado, y se vio obligado a retirarse luchando contra las tropas rusas y el invierno ruso, mucho más mortal, un duro kilómetro tras otro. Al finalizar la campaña, Napoleón había perdido el 96% de su ejército.

La caída de Napoleón

Nada más regresar a París, reclutó un nuevo ejército de 350.000 hombres, pero ahora su aura de invencibilidad se había esfumado y toda Europa se levantó en su contra. Prusia, Rusia y Austria se aliaron contra él e Inglaterra desembarcó más tropas en la guerra por España. Aunque Napoleón obtuvo nuevas e importantes victorias, sus enemigos no cejaron en sus implacables ataques. Finalmente, lograron abrirse paso hasta París y Napoleón abdicó. A cambio se le entregó el gobierno de la isla de Elba y una pensión de seis millones de francos, que correría a cargo de Francia.

Posteriormente volvería a Francia e intentaría recuperar el poder una última vez, pero los ejércitos inglés y prusiano lo derrotaron final e irrevocablemente en Waterloo, Bélgica. Esta vez se le confinó de por vida en la isla de Santa Elena, a más de 1.500 kilómetros de la costa de África. Allí moriría en 1821.

El veredicto de la historia

Napoleón fue uno de los generales más brillantes de todos los tiempos. Movía sus tropas con pasmosa rapidez y siempre sabía dónde debía atacar para infligir el máximo daño. En lo referente a su país, fue un gobernante bastante honesto e imaginativo, y Francia floreció bajo su mando (hasta que las incesantes guerras en las que la embarcó minaron sus fuerzas y su espíritu combativo). General de infantería hasta la médula, nunca pudo crear una armada capaz de plantar cara en serio al dominio de Inglaterra en los océanos.

En suma, y para expresarlo con sencillez, ni siquiera él podría haber derrotado a todo el mundo.