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Civilizaciones y líderes
Pocatello

Vivió:

1815-1884 d. C.

Títulos:

Jefe de los shoshoni

Civilización:

Pocatello
Líder de los shoshoni

Información de la partida:

Gran extensión

Las ciudades recién fundadas comienzan con más territorio. Las unidades reciben una bonificación de combate al luchar en su territorio.

Historia

El jefe Pocatello, líder de la tribu de los shoshoni-bannock, dedicó su vida a buscar una forma de coexistir con los colonos blancos que invadieron el territorio shoshoni a lo largo del siglo XIX. Aunque los shoshoni de Pocatello sí atacaron a los colonos y a sus carromatos, lo hicieron en venganza por las vejaciones y los ataques de los blancos. La banda de guerreros de Pocatello fue culpada de cada vez más ataques a blancos a lo largo de las rutas de California, Salt Lake y Oregón.

En otoño de 1862, el coronel Conner y el tercero de infantería de California del ejército de los Estados Unidos de América llegó de Fort Douglas con órdenes de "escarmentar" a los nativos. Pocatello se enteró de su llegada y dirigió a su tribu hacia el norte, huyendo de la infame masacre de Bear River. El ejército le persiguió durante cinco años hasta que Pocatello firmó el tratado de Fort Bridger en 1868, por el que su tribu fue reubicada en la reserva del río Snake. Y allí murió, desalentado por el futuro de su pueblo.

Primeros tiempos

Pocatello nació en la región de Grouse Creek, en lo que hoy en día es el noroeste del estado norteamericano de Utah, pero poco más se sabe acerca de su niñez o adolescencia. Su nombre de pila fue Tonaioza, que significa "ropa de búfalo", y es probable que Pocatello fuera el nombre que le dieran los tramperos blancos, aunque se desconocen los motivos y el momento. Pocatello llegó a la edad adulta durante la década de los veinte y los treinta.

Al crecer, también lo hizo su reputación como guerrero y hombre sabio. En 1847, cuando Brigham Young conducía a los primeros mormones a Utah, Pocatello ya era jefe de los shoshoni. Young siguió una política conciliatoria con Pocatello, que expresó su inquietud acerca de la destrucción de la caza y las praderas por parte de los granjeros emigrantes. Pocatello cada vez estaba más preocupado por las migraciones de los blancos hacia territorio shoshoni, especialmente cuando se descubrió oro en California y Montana.

Desafío

Los ataques a carromatos y granjas aisladas, así como el robo de caballos y ganado aumentaron dramáticamente a finales de los cincuenta. Aunque los autores fueran nativos independientes, forajidos blancos o jóvenes shoshoni nerviosos, las culpas de todos los ataques recaían sobre Pocatello. Durante los siguientes años, los colonos blancos y los nativos se vieron envueltos en varios altercados que acabaron con algunas muertes. Las hostilidades intermitentes culminaron en agosto de 1862, cuando el propio Pocatello dirigió un ataque contra un convoy de carromatos que atravesaba City of Rocks, en el sur del centro de Idaho. Unos días después, unos grupos de shoshoni atacaron otros dos carromatos cerca del río Snake.

Preocupada por la seguridad de las rutas terrestres hasta la costa oeste según progresaba la Guerra de Secesión, la administración Lincoln envió a Utah al coronel Patrick Connor y a su tercer regimiento de voluntarios de infantería para calmar la agitación; allí se establecieron en Camp Douglas, a cinco kilómetros al este de Salt Lake City. Otros ataques del jefe Bear Hunter en la Gran Cuenca shoshoni alentaron a Connor, junto con el Segundo Regimiento de Caballería de Voluntarios de California, a atacar el campamento invernal de Cache Valley, en el que se habían reunido varias tribus shoshoni, incluyendo la de Pocatello. Avisado de los soldados blancos que se acercaban y a pesar de que otros jefes decidieron combatir, Pocatello huyó con sus hombres. Gracias a ello evitó la masacre de Bear River en la que murieron unos 500 hombres, mujeres y niños shoshoni.

El ejército norteamericano siguió con sus tareas de pacificación, patrullando la zona para arrestar a los restantes jefes shoshoni, especialmente a Pocatello. Pero la banda de Pocatello evitó la captura durante casi cinco años, hasta que las enfermedades y el hambre les obligaron a rendirse. En el tratado de Fort Bridger de 1868, Pocatello rindió dos terceras partes de los terrenos de caza shoshoni, accedió a permitir el tránsito de los blancos por sus tierras y a reubicar su tribu en la reserva india de Fort Hall, en el río Snake; por su parte, el gobierno de los Estados Unidos se comprometió a entregarles el equivalente a 5.000 dólares anuales en comida y suministros.

Reserva

Como era habitual, la Oficina de Asuntos de Nativos Estadounidenses no cumplió sus promesas: la comida solía llegar en mal estado, el dinero anual no se pagaba y la tierra no era apta para el cultivo. Durante los años que siguieron a su confinamiento, los nativos padecieron muchas enfermedades y hambre. En 1875, tras una cosecha especialmente mala, Pocatello sacó a su tribu de la reserva y la llevó a una granja de misioneros mormones, cerca de Corinne, en Utah, con la idea de plantar cereales, patatas y legumbres, que allí crecían bien. Pocatello esperaba que una conversión masiva de su gente les evitaría la hambruna. Sin embargo, los colonos blancos de aquella zona no estaban dispuestos a aceptarlos y pidieron su regreso a la reserva, a la fuerza si era necesario. Cuando el ejército norteamericano amenazó con hostilidades, Pocatello dirigió a su tribu de vuelta a la reserva.

Pocatello volvió a sentirse traicionado y la mayoría de los shoshoni rechazó el cristianismo. El viejo jefe ya había cumplido los sesenta y, cada vez más descontento, se desentendió de los asuntos de la reserva. La salud de Pocatello empeoró repentinamente y murió en 1884. A petición de su tribu, Pocatello fue enterrado con atavío de guerra en un arroyo del río Snake, junto a sus mejores ropas, armas y dieciocho de sus caballos.

El juicio de la historia

Al igual que muchos otros líderes nativos norteamericanos, Pocatello no consiguió adaptarse a la llegada de blancos. Por una parte, quería coexistir con ellos; por otra, estaba resuelto a proteger los derechos y la libertad de su pueblo. A pesar de ser valiente y astuto, al final lo único que Pocatello pudo hacer fue rendirse ante lo inevitable y aceptar la reserva. Aunque no logró conservar la libertad de su pueblo para moverse por sus tierras ancestrales, los shoshoni le respetan mucho por preservar su herencia cultural. Su legado es evidente por la cantidad de hitos geográficos naturales y artificiales (entre ellos Pocatello, en Idaho) bautizados en su nombre, irónicamente, la mayoría de ellos por blancos.