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Civilizaciones y líderes
Solimán

Vivió:

1494 - 1566 d. C.

Títulos:

El Magnífico

El Legislador

Civilización:

Solimán
Líder de los otomanos

Información de la partida:

Corsarios bereberes

Todas las unidades navales cuerpo a cuerpo tienen el ascenso Conquista barcos, que les permite capturar a las naves derrotadas. Solo paga la tercera parte de lo normal en concepto de mantenimiento de unidades navales.

Historia

Solimán I, conocido como "el Magnífico", "el Legislador" y el "Gran Turco", fue califa del Islam y sultán del Imperio Otomano, y llevó las riendas del poder desde 1520 hasta su muerte, en 1566. Durante su reinado, Solimán expandió enormemente el territorio del imperio, ganándose el temor (y la admiración inconfesa) de los líderes de Europa, África, Asia y Oriente Medio.

Primeros años

Solimán era hijo y nieto de sultanes. A temprana edad estudió en Estambul ciencias, literatura, teología y el arte de la guerra. A los 17 años, su abuelo lo nombró gobernador de Kaffa. Durante el reinado de su padre, el sultán Selim I, pasó a ser gobernador de Manisa. Selim murió en 1520 y Solimán subió al trono con 26 años. Aunque aún era muy joven, Solimán ya tenía diez años de experiencia como líder cuando llegó al poder.

Ambiciones militares en Europa

Según algunos historiadores, Solimán admiraba profundamente a Alejandro Magno, y esperaba emularlo y crear un imperio que englobara Europa, Asia Menor, África y Oriente Medio. Tras llegar al poder, Solimán empezó a planear una campaña contra Europa y los Balcanes.

En 1521, justo un año después de proclamarse gobernante, Solimán capturó Belgrado. Al año siguiente, les arrebató la isla de Rodas a los Caballeros de San Juan. En 1526, derrotó a los húngaros en la batalla de Mohács y mató a su rey, Luis II, en combate.

Tras la muerte de Luis II, se hizo con el trono húngaro Fernando I, el Habsburgo archiduque de Austria. Con la intención de debilitar el poder de los Habsburgo en Europa del este, Solimán apoyó las pretensiones de Juan I Szapolyai, señor de Transilvania. En 1529, asedió Viena. Aunque el asedio no tuvo éxito, sí que sirvió para mantener a la potencia húngara concentrada en Europa; así, cedió de forma efectiva el control de la mayor parte de Hungría al títere de Solimán, Juan. Cuando Juan murió en 1540, los austríacos volvieron a ocupar la Hungría central. Ambas fuerzas continuarían batallando sin obtener resultados durante los 20 años siguientes, hasta que firmaron un tratado de paz en 1562, cuatro años antes de la muerte de Solimán.

Para dar apoyo a sus campañas por tierra, Solimán creó también una gran armada en el Mediterráneo, la primera de este tipo en la historia otomana. Puso al mando de sus fuerzas a Jair al-Din (conocido en occidente como Barbarroja), un antiguo pirata con un talento nato para la guerra naval que derrotó a las fuerzas combinadas hispano-venecianas en 1538, lo que proporcionó a los otomanos el dominio del Mediterráneo oriental durante los siguientes 40 años.

Aventuras militares en Persia

Solimán inició tres campañas importantes contra Persia durante su reinado. La primera (1534-1535) dio a los otomanos el control de una parte de la zona oriental de Asia Menor, así como de gran parte de Irak. La segunda campaña, unos diez años después (1548- 1549), le hizo ganar más terreno alrededor del lago Van, de una importancia estratégica, en la frontera de Persia con Asia Menor. La tercera campaña no llegó a finalizarla, pues los otomanos se vieron incapaces de adentrarse en territorio persa y, por tanto, no pudieron consolidar sus posesiones.

Mejoras internas

Como sultán, Solimán supo rodearse de estadistas y administradores muy competentes, algunos incluso brillantes. Construyó mezquitas, puentes, carreteras y fortalezas por todo su territorio, y se considera que este periodo constituye la edad de oro de la arquitectura otomana. También trabajó en la reforma y codificación de la normativa del imperio. El sistema legal de "el Legislador" sobreviviría prácticamente sin cambios durante tres siglos. Prestó especial atención a la difícil situación que atravesaban los súbditos cristianos, que hasta el momento habían sido poco más que siervos. También protegió a los judíos, tanto que muchos emigraron al Imperio Otomano desde Europa, donde se les trataba con mayor dureza.

Cultura, religión y arte

Aunque sus logros en este aspecto fueron impresionantes, Solimán, que era un poeta de cierto talento y un musulmán ferviente, no descuidó la cultura de su patria. Durante su reinado, florecieron cientos de sociedades artísticas por todo el país. Encargó a su maestro de arquitectos, Sinan, la construcción de varias mezquitas de dimensiones y grandeza insólitas.

El veredicto de la historia

Solimán murió en 1556, mientras estaba en otra de sus campañas contra Hungría. En el momento de su muerte, ya era famoso en todo el mundo. En Europa lo envidiaban por su increíble fortuna, pues sus magníficas arcas contenían más riquezas de las que jamás había tenido un líder de la historia. Fue admirado por sus logros militares y respetado por el trato justo a aquellos de sus súbditos que no eran musulmanes.

Los musulmanes respetaban al sultán por su estricta adherencia al imperio de la ley. Solimán adoptó la ley islámica para complementar la ley tradicional que había regido a sus predecesores, convirtiéndose así en un modelo para las potencias europeas durante las generaciones venideras.

Casi todo el mundo (cristianos y musulmanes por igual) estuvo de acuerdo en que se merecía el título de "el Magnífico".